miércoles, 5 de enero de 2011



Hace cinco años que te fuiste, cinco años que no veo tu rostro ni oigo tu voz. Mentiria si dijese que todo está superado, pero la verdad es que aún quedan resquicios de memoria, de recuerdos, de esa sensación extraña que se apodera en cualquier momento, el vacío que dejaste, la tristeza que vino para quedarse. Imagino verte cuando entro en casa de la abuela, casi me parece que estas ahí, sentado en ese sillón que nombraste como predilecto, con tu máquina de escribir frente a ti, siendo esclava del golpeteo constante de tus dedos, mensajes de historias plasmadas en el alma. Ahora esa máquina yace polvorienta y abandonada en un rincón de la casa, me duele que tu huella ya no esté impresa en las teclas. Los libros que dejaste dormir en la estanteria parecen llorar por ti, aun me parece mentira que el mundo siga adelante sin tu existencia, como si no hubieras existido, como si nadie se diese cuenta de que el planeta ha perdido un ser humano que valia la pena conocer. Pero te siento en todas partes, en la casa, en la habitación, en tu sillón, en el aire, en mí. ¿como podria olvidarte?, eres de esas personas que nunca desaparecen del todo, esas que a pesar de que la muerte se las llevó, permanecen vivas, como moléculas esparcidas en el aire. La navidad ya está aqui abuelo, hoy es el dia de reyes, el dia que te llevó para no volver, el dia que te convirtió en leyenda. Te he escrito cientas de palabras, he ensuciado papeles con historias que nunca han ido a ninguna parte, historias que he querido dedicarte, algún dia se quedarán ahí, cosidas, será cuando sabré que será para tí. Queria escribirte esta carta, porque siento que de alguna manera podrás leerla, como esas cartas que esperan ser llegadas a alguna parte. Te convertí en ángel y en estrella, te noto aquí y ahí arriba, donde quizás nos espera un sitio mejor, donde brillas para protegerme. Imagino que me sonries a través de ella, y eso me hace fuerte, segura. Este invierno es quizás el más frío, gélido y nostálgico que he vivido, ultimamente noto como si tuviese los brazos desnudos, quizás es que me falta tu calor, tal vez, demasiado. El mundo ha cambiado abuelo, ya casi da miedo correr por las calles, o vivir, dicen que a pesar de todo, la vida sigue, y eso creo que me da más miedo, leí un fragmento en un libro que decia que el tiempo no nos hace más sabios, sino más cobardes, y creo que tiene razón. Seguramente me hubieras dicho que soy demasiado joven como para pensar en lo que en verdad puede significar el miedo en una chiquilla de 23 años, pero lo tengo abuelo, cuanto más crezco, más lo voy teniendo. La familia está bien, aunque a la abuela se le ha olvidado sonreir, ya no le brillan los ojos, los tiene más pequeños y todo el peso de su pasado se le refleja más que antes, te echa de menos, te habla, incluso asegura verte, y yo la creo, la creo abuelo, porque sé que estás ahí, alimentando su suerte, durmiendo con ella. Los demás estamos bien, Juanjo y yo hemos heredado la pasión por la lectura y el cine, a veces me parece verte a través de él, será tan admirable como tú. A él le va más la interpretación, yo amo leer y escribir, y sueño con ser una gran escritora algún día. Silvia y Nazareth se están convirtiendo en grandes mujeres, un poco perdidas, pero con esa fuerza que las hace especiales. Mi madre y la tita siguen ahí, rehaciendo sus vidas pese a todo, superando los baches, y sus ojos también están un poco tristes, pero son fuertes y se tienen la una a la otra. Tu taza sigue ahí, apilada con las demás, y tu foto brillando con luz propia. A veces la cogo para hablarte, hoy en cambio no podré abrazarte para decirte feliz navidad, hoy en cambio no podré regalarte una flor, ni decirte lo mucho que te quiero, un beso tuyo, y tampoco oir tu risa cuando algo te parecia digno de alabar. Hoy en cambio no estarás pero en cambio te regalo esta canción para tí.


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