jueves, 22 de diciembre de 2011

Navidad.



Podría escribir sobre la navidad,
preguntar por qué es blanca y no de otro color;
podría intentar describirla,
fría, hermosa, latente de nostalgia.

Como hace desnudar los árboles y  almas,
como pinta el cielo de tiza,
haciéndolo vomitar de nieve.
Podría narrar las leyendas sinfónicas que emergen de ella,
desenvuelve la humildad y esperanza.

Podría decir lo que significa para cada uno de nosotros,
está en todas partes,
como un espíritu que emerge desde otro mundo paralelo,
te envuelve, haciendo recordar cuando eras niño,
Y esperabas a un anciano orondo con una enorme bolsa llena de regalos.

Las calles se inundan de corazones rotos,
otros lo viven de otra manera,
es la época de ser feliz,
o al menos cuando se siente la paz de verdad.

Los niños sonríen,
contagian esos deseos de creer en algo que hace tiempo perdimos,
las chimeneas fulgen el hogar y el árbol vestido con bolas de navidad,
lazos y estrellas;
Deslumbra  las comidas familiares.


Sin embargo, la navidad también sabe ser triste,
hay quienes,  con los bolsillos vacíos,
intentan encontrar un milagro en la iglesia.
Hay infectados por pesadumbres y enfermedades,
Que rezan con los ojos cerrados,
dejándole al corazón hablar.

Algunos se conforman con un pesebre triste,
y con las sonrisas de sus hijos,
imaginando que todo se hará realidad.
La leyenda sigue ahí,
Jesús, María y José,
refugiados y tibios en un retablo,
bajo un cielo oscuro y enigmático.

Así es la Navidad,
una esencia inmortal.

(FELIZ NAVIDAD A TOD@S; ESPERO CON TODO MI CORAZÓN QUE TODO VAYA MEJOR EL AÑO QUE VIENE, QUE VUESTROS SUEÑOS SE HAGAN REALIDAD Y SEAIS MEJORES CADA DÍA).

lunes, 19 de diciembre de 2011




Algo me despierta en la noche,
tu reflejo se proyecta en la ventana,
es la pálida luz de la luna,
que confunde su soledad con la mia.

Él se acerca, huele a nostálgia,
me arropa con su aliento.
dice que deje de buscarte,
porque hace tiempo que te perdí.

Me ruega que deje de quererte,
porque es una enfermedad
que atrofia mis venas
y no me permite vislumbrar esta otra alma que intenta sacarte de mi corazón.

Dice que todo está perdido,
este es el cielo, y tu estás en el infierno.
Él suplica que deje de esperarte,
porque nunca volverás.

Que tus brazos son dos cuchillos de cristal,
y si me acerco demasiado,
terminaré rota en mil pedazos.

Recorro estas calles húmedas,
vives en cada lugar,
las esquinas llevan tu nombre,
intento encontrar la huella de tus pisadas bajo las baldosas rotas;
buscaré la sombra de tu adiós,
emancipar este dolor que dejaste.
Dejaré que la ponzoña de tu decisión
rectifique mi sentido común. 

sábado, 17 de diciembre de 2011

Leiden.




¡Oh Leiden! anoche te soñé,
Iba con mi vestido blanco,
Abrigo de felpa.
La nieve se hizo dueña de tu tierra e hijos,
olías a esperanza y leña quemada.

¡Oh Leiden!
Si hay una cosa que ahora mismo desearía,
es besar cada rincón de tu hermosura,
ser la lengua insaciable que conduzca tu río Rin.
Las farolas que atenúan la noche,
árboles que tienen las ramas abiertas,
dispuestas a darte un abrazo.

¡Oh Leiden!
quisiera haber sido holandesa,
para poder contar historias sobre ti,
 una pequeña Dickens recorriendo tus calles que parecen cartón,
con mi bicicleta pintada de libertad.

Leiden...
¿Podrás dejar que te vea algún día?





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viernes, 16 de diciembre de 2011

Domingo.






Nos quedábamos largo rato mirando como el fuego lamia la leña.

-Esto es lo que más me gusta del invierno.

El fulgor anaranjado parpadeaba en tu labio inferior. Si nos acercabamos demasiado, arderíamos. El calor penetraba en mis pantalones y por las mangas del jersey. El crepitar del fuego rompia el silencio que nos obsequiaba el hogar cuando el sol dormía. Lenguas amarillas que nos susurraban la libertad de arrancarnos la piel a besos. Una de las leñas parecía la máscara desencajada de un bufón, imaginé que era mi calavera convertida en papel de estraza. A veces, la leña era atizada por pequeños petardos. Te pregunté el porqué el fuego hacia doler la madera.
-          
- - Creo que eso nunca lo sabremos.

Enterraste tus dedos sobre los mios, prometiste que no me dejarías. De pronto nos vino la imagen de un crematorio.

Ceniza… nunca.
En ese caso… seria la arena de una bonita playa.

Y tú… serias la huella que dejan tus zapatos cuando me busques entre el sur y el norte. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Hallstatt


-          Tengo miedo.
-          ¿por qué?
-          De morir sin haber visto con mis propios ojos este pueblo.
-          ¿por qué te gusta tanto?
-          No lo sé, es como si de repente encuentras sabroso un helado de trufa y a ti no te gusta la trufa.
-          No sé lo que quieres decir.
-          Quiero decir que hay veces que sientes algo sumamente inédito por algo y no sabes por qué es. Siempre he deseado sentirme vivo en alguna parte, creo que ese es el lugar que debo ver antes de no tenga siquiera fuerzas para levantarme. Y… ¡fíjate! Todas esas calaveras reunidas, en una iglesia. ¿no sería bonito que nos enterrasen allí?
-          me encantaría estar apilada con mi nombre rotulado en mi calavera, cuando llegue el momento, claro.
-          Hagámoslo entonces.
-          Está bien, iremos.
-          Son muchos kilómetros.
-          Los sueños no tienen kilómetros.

- Tengo miedo
- ¿ Porqué?
- De morir sin haber visto con mis propios ojos esta maravilla.
- ¿Por qué te gusta tanto ese pueblo?
- No lo sé, siempre he deseado sentirme vivo en alguna parte, y creo que ese es el lugar que debo ir antes de que no tenga la fuerza necesaria para mantenerme en pie. ¡Fijate! todas esas calaveras apiñadas en la iglesia, ¿ no seria bonito que nos enterrasen allí?.
- Me encantaria estar apilada con mi nombre rotulado en mi calavera, cuando llegue el momento, claro.
- Hagámoslo entonces.
- Está bien, iremos.
- Son muchos kilómetros.
- Los sueños no tienen kilómetros.


A mi padre, que hoy me ha enseñado a descubrir un nuevo lugar para añadir en nuestro mapa de aventuras. 






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jueves, 8 de diciembre de 2011

Ciudad






El esclavo llanto de un grillo,
Que, descarado, irrumpe en las rendijas de la puerta.
Estamos tumbados en la cama,
Duermes, hablas en sueños,
me pongo a hablar contigo.

El aire mece las consolidas del jardín,
Decido salir a la intemperie,
La jaula de mi silencio se evapora.

Una hilera de luces que parecen estrellas,
son hijas de la ciudad,
de fondo se oye unos neumáticos rompiendo la carretera,
imagino que nuestros seudónimos viven en aquella avenida, donde poníamos nombres a las  nubes.

Implantamos nuestro futuro en un pupitre,
Yo era la de la boca con sabor a fresa,
Tú olías a regaliz.
El tiempo ha desviado este cuerpo enjuto,
Designios que aun atesoro.
Hacerse mayor no es difícil,
Es el pensamiento, que se torna maduro.


Mientras dejo que el frío de la noche Anestesie mi soledad,
Encuentro una paradoja:
“las ciudades, también saben hablar”.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Ahora, en esta noche.

Hoy me he sentido feliz, caminaba sin importarme retroceder, rebuscando ese sentido que creí dormido.
Amé Jaén, y lo que vive en él.
Amé poder ver, sentir, llorar, reir,
respirar el aliento de la noche.
Hoy, amé estar en compañia,
 tener piernas, salud, recuerdos...
esos que no morirán nunca.
A pesar de que extraño aquella época,
agradezco haberlos vivido,
porque me hace ser humana.

Hoy aprendí a amarme un poco más,
porque supongo que lo que cuenta es tenerte por encima de todas las cosas,
dijo alguien una vez que nadie te salva, solo tu puedes hacerlo,
efectivamente encontré la razón de sus palabras.

Yo soy el bálsamo que puede curar las cicatrices del tiempo,
me he enamorado de mi corazón,
ese pájaro que creia estar encerrado,
y que ahora ha sabido abrir un poco más la jaula.

Ahora puedo decir que la vida sigue pese a todo,
que habrá alguien que te sepa levantar,
que acariciará tu piel cuando la notes fría, áspera.
Alguien que le importa tu sonrisa,
y no dudará en marcar el destino para escuchar tu voz.

Hoy he aprendido a amar los minutos que me has dedicado,
esa pequeña distancia que separaba dos latidos,
la certeza de que algún dia seré mejor que ahora,
no imaginas lo abiertos que están mis ojos.

Hoy he encontrado razones diversas
para saber lo que es amar en otra perspectiva,
amor hacia esas pequeñas cosas que se pueden transformar en grandes.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Azul.


Unos ojos azules se cruzaron una mañana con los míos en un centro comercial. Aturdida por el nuevo ejemplar que había sacado uno de los más célebres escritores de los últimos tiempos - o al menos para mí- tenia entre mis manos, la historia que había estado esperando durante un año. Ojos azules confesó que le había sorprendido ese fulgor que se escapaba de mis pupilas cuando leía. Estaba enamorada de los libros, lo supo cuanto me vio. Con énfasis, dijo que yo era preciosa.

Dos amigas pasaron por delante de nosotros, una de ellas miraba el ejemplar que sostenía entre mis manos. Una le dio un codazo a la otra, y dijo:
-          Mira, es el nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón.
La otra bajó la cabeza abatida y murmuró por lo bajo:
-          Apenas tengo tiempo para leer. ¡que más quisiera yo poder hacerlo!

(Yo si tengo tiempo para leer, qué suerte la mía)

De nuevo solos, y reírnos sobre lo que provocan las historias nuevas, ojos azules tragó saliva y se envalentonó.
-         -  ¿tomamos un café?

Motorista, libertino, atractivo. Ojos azules tenía un prospecto interesante que me hubiese gustado conocer si no fuera porque en ese día me esperaban los típicos quehaceres: trabajo, trabajo y trabajo. Cuando ojos azules se conformó con apuntarme su número de teléfono y una lista de espera, se marchó dejándome con dos caminos. Podría haberlo dejado escapar (que es lo que hice) la otra opción: darle mi número. Hubiésemos deleitado un café en la primera planta, conociéndonos, mientras se nos adhiriese  la espuma de la leche en los labios, hablaríamos de lo que me gusta, detesto, y sueño en la vida.

 Él me hablaría de carreteras, motos y las dudas sobre a que dedicarse verdaderamente. Vería mi reflejo inseguro en sus pupilas, y yo terminaría preguntándome si estaría obrando bien. Después estaríamos sentados en un banco, devorándonos a besos crecientes y descendientes, palpando nuestra carne bajo el abrigo, y esas cosas que ocurren cuando la llama de la pasión se apodera de las partes más escondidas. Ojos azules desapareció entre los estantes de los perfumes y así creó una historia aquella mañana. La posibilidad de escoger, decidir ser bisoña o mujer.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Tengo siete años... y tengo miedo.





TENGO SIETE AÑOS, VIVO EN UNA BONITA CALLE CON VISTAS A LA CATEDRAL. HACE RATO QUE EL DEMONIO SE HA IDO, ME PUSE  A BUSCAR ÁNGELES A TRAVÉS DE LA VENTANA. MAMÁ LLORA, TAN FUERTE QUE ME ROMPO POR DENTRO, NO PUEDO CURARLA COMO LAS BARBIES, NO PUEDO TAPARLE LAS HERIDAS CON DESAFÍN. LOS VECINOS PARECEN HORMIGAS, Y A VECES CUANDO INTENTO HABLARLES, NO ME ESCUCHAN, QUIZÁ ES PORQUE SON DEMASIADOS PEQUEÑOS.

 EL DEMONIO ENTRÓ ANOCHE EN MI HABITACIÓN Y ME SUSURRÓ QUE LOS ÁNGELES NO EXISTEN Y QUE PRONTO CAERÉ DEL CIELO COMO ÉL. NO HAGO CASO DE SUS PALABRAS, PORQUE A VECES NO LAS ENTIENDO Y ME LIMITO A ESCONDERME BAJO LAS SÁBANAS DE FRANELA. LA PEQUEÑA LUZ DEL SALON ENTRA EN MI HABITACIÓN, VEO DOS SOMBRAS QUE SE MUEVEN MUCHO, LA DE LA COLETA SÉ QUE ES MAMÁ,Y EL DEL CABELLO EMPINADO Y CUERPO GRANDOTE, ES PAPÁ. 

TENGO MIEDO, ME DA VERGÜENZA MEARME EN LOS PANTALONES, ESO NO ES SER NIÑA, PAPÁ DIJO QUE LA DEBILIDAD ERA DE COBARDES, CREO QUE YO TAMBIÉN LO SOY. LA SOMBRA DE MAMÁ PEGA AL PECHO DE PAPÁ, GRITAN MUY FUERTE, LA ALMOHADA NO TAPONA BIEN MIS OREJAS. TAMPOCO SIRVE QUE ME ESCONDA BAJO LA CAMA CUANDO ÉL ENTRA EN LA HABITACIÓN CON PASOS RÁPIDOS Y HACIENDO CRUJIR LA MADERA.

ALGUNAS NOCHES, CUANDO VOY AL LAVABO, ME ASOMO EN LA PUERTA DE MAMÁ. DUERME SOLA, INTENTO ALIVIAR SU SOLEDAD ACURRUCANDOME A SU LADO. HUELE A MANZANA,  IMAGINO QUE ES BLANCANIEVES QUE HA MORDIDO EL VENENO. PAPÁ ES EL VENENO, Y POR CASTIGO, DUERME EN EL SOFÁ, CON ESA MANTA QUE CUANDO LA TOCAS, PARECE EL HOCICO DE UN PERRO, HÚMEDA y RASPOSA. ME PREGUNTO SI SERÉ LA CULPABLE DE QUE GRITEN TANTO.

 EXTRAÑO VERLOS REIR, COGERSE DE LA MANO. LOS PADRES DE MI AMIGA ELISA NO HACEN OTRA COSA QUE BESARSE, Y CUANDO LOS MIRO, SÉ QUE ESO NO LO HE VISTO EN LOS MÍOS. PAPÁ DIJO UNA VEZ QUE MAMÁ ERA UNA GUARRA, QUE SU PEOR ERROR HABIA SIDO CASARSE CON ELLA, QUE MERECIA ESOS GUANTAZOS.

CUANDO LA CAMPANA RETUMBA EN TODO EL COLEGIO, AVISANDO DE QUE YA POR FIN PODEMOS IRNOS, ME QUEDO UN RATO MÁS. EL MIEDO NO ME DEJA PENSAR, CAMINAR. NO SÉ SI SERÁ UN BUEN DIA, NO QUIERO ENCONTRARME A MAMÁ LLORANDO, Y PAPA CON ESA CARA QUE DA MIEDO. NO QUIERO QUE LLENE MIS BRAZOS DE CARDENALES, NI VER LA CASA TEMBLAR. 

HOY LLEVO LAS NOTAS FINALES DEL CURSO, ME HAN QUEDADO BASTANTES, EL SOBRE SE PEGA A MI MANO DEBIDO AL SUDOR. CAMINO CON LA CABEZA AGACHADA.

(POR FAVOR PAPÁ, NO ME REGAÑES, POR FAVOR NO ME PEGUES)

PAPÁ PREGUNTA SOBRE MIS NOTAS, INTENTO ESCONDERLAS TRAS LA ESPALDA, PERO AGARRA FUERTE MI BRAZO, CASI HINCA SUS UÑAS. ME TIRA EL PAPEL EN LA CARA GRITÁNDOME QUE NO SERÉ NADIE EN LA VIDA, QUE SOY UNA FRACASADA Y UNA INUTIL. ME HACE LLORAR Y ME FROTA LA CARA CON LA MANGA DE SU CAMISA. ORDENA A VOCES QUE ME VAYA A MI CUARTO Y QUE NO SALGA HASTA QUE PIENSE COMO UNA MUJER ECHA Y DERECHA. 

MIS PIERNAS SON GELATINA, MI CORAZÓN LATE MUY DEPRISA, PARECE QUE VA A SALIRSE POR LA GARGANTA, TENGO MIEDO PORQUE PIENSO QUE SE PARARÁ. COGO LA ESTAMPA DE SANTA MARTA, Y PISO EL DRAGON IMAGINARIO QUE REPRESENTA A PAPÁ, LO PISO BIEN FUERTE MIENTRAS MIRO A SANTA MARTA Y LE SUPLICO QUE ME HAGA SER VALIENTE COMO ELLA. REZO HASTA QUEDARME DORMIDA.

CUANDO ESTAMOS SOLAS, MAMÁ JUEGA CON LA ESPONJA DE SU MAQUILLAJE, SE QUEDA MUY QUIETA, OBSERVANDOSE FRENTE AL ESPEJO, Y SE MAQUILLA MUY DESPACIO MIENTRAS ME SONRIE. LE GUSTA LLEVAR MÁSCARAS, QUIZÁ POR ESO LOS VECINOS IGNORAN QUE ES UNA MUJER QUE TIENE MUCHAS HERIDAS. MAMÁ PINTA MIS LABIOS, ME QUIERE HACER HERMOSA, ÓJALA FUESE TAN GUAPA COMO ELLA. PAPÁ ME DICE QUE SOY FEA, ESCUPE SUS ENOJOS SOBRE MI CARA, QUIERO LLORAR.

ASI SON LOS DIAS, A VECES PAPÁ ES UN DEMONIO, Y ME HACE VER EL INFIERNO. MAMÁ ME PROMETE QUE ALGUN DIA SEREMOS PÁJAROS SIN  JAULAS.

* dedicado a aquellos niños que cada dia, son maltratados. Por favor, tu un dia fuiste niño, no les hagas daño.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Habla, huye, vive.





Confieso temer decirte adiós,
Confieso temer morir y…
No despertar de este insaciable letargo.

¡Vivan los novios!, dos sonrisas cómplices, granitos de arroz en los amasijos de nuestro pelo, vociferan extasiados, es el día más feliz de mi vida. Por fin… ¡marido y mujer!
Han pasado tres años. Veo el video todas las noches, cuando noctambulo. Miro la puerta entornada de nuestra habitación, procuro no hacer ruido. Me duelen los labios, una hilera roja pegada en el borde de la comisura, he acabado acostumbrándome. El calendario cicatriza los días que quedan para que el miedo deje de ser el enemigo.

 Siempre ocurre lo mismo, cuando quiero huir, llevar a cabo mi plan, mi estómago se revuelve y fracaso en el intento. El baño ha sido el escondite que me ha llevado lejos de él, en los momentos que creía que mi vida acabaría siendo aniquilada. Me enfrento ante el espejo, retoco cada parte de mi rostro. Las ojeras con un tono ligeramente beige, las mejillas pálidas, hundidas, el labio superior interrumpido por una pequeña cicatriz. Hago la habitual pregunta: ¿Quién soy?

Oigo la cama crujir, tiemblo, (tranquilízate)
La puerta truena, ¡ pom, pom!
(Silencio)
-          Ana, abre la puerta.
-          (…)
-          ¡abre la puerta, coño!
¿Que esconde una lágrima? Y… ¿el silencio?)

Abro la puerta y él está ahí, asqueado de mi desnudez. Entra en la habitación dándome un empujón. Abre la tapa del váter, haciendo caer mi albornoz, orina ignorando que yo esté sentada en el filo de la bañera, imaginando zambullir la cabeza para ahogarme. Observo sus movimientos, esperando a que me sonría y hagamos el amor de aquella manera que solíamos hacer cuando el sol entraba por las persianas. Pero eso no ocurre, hace tiempo que no nos mordemos la piel ni los labios, solo escupe gritos, insultos y quejas sobre lo que decido hacer para comer.

-   Dúchate de una vez, no quiero encontrarme con un plato vacío cuando vuelva.

Un portazo, una lágrima, agua caliente lamiendo mis heridas, han empezado a tornarse violáceas. En los últimos meses he dedicado mi rato libre a intentar comprender el eje de una relación. He buscado con desesperación  en libros de autoayuda, (como ser feliz; métodos para subir la autoestima; dietas del kiwi, sandia, sopa; como superar la convivencia, avivar la llama de la pasión). 
Sin embargo desde que encontré lo irracional en él, los títulos que leí fueron: (la agresión y sus causas, ubicaciones de centros a ayuda a la mujer, como gritar).

Llevo la inevitable y cansina palabra que muerde mi cabeza en la hora del desayuno, comida y cena, cuando él llega ebrio en plena madrugada. ¡BASTA!. El constante sonido de sus manos abofeteando mis mejillas, rompiéndome el sostén, abriéndome las piernas, sus manos tirando de mi pelo, acariciándome los pechos, frotándome los labios con el pulgar. Hablaba con ellas, era una forma de decirme que me odiaba, que me quería, que no podía vivir sin mí, que regresase a la cama, que si me marchaba volvería a alzarlas  para hacerme aprender la lección. Las mismas que me invitaron a bailar, la primera caricia, la previa y última carta. Sus manos, tratándome como una muñeca de porcelana,  y cuando me hacia pedazos reconstruía con su boca (como si esta hiciese de pegamento) los trocitos de mi alma y corazón. Poco a poco, las piezas del puzzle que él jugaba con mi cuerpo y estado mental, se volvieron ilusorias. Él ya estaba cansado de esta muñeca, y esta muñeca temía ser tirada a la basura. 

No siempre era así, a veces traía a casa un regalo para mí. Una rosa pintada de azul (me encantan las rosas azules), una caja de bombones, un llavero de París que deseé tener hace tiempo, ropa interior sensual, y la última entrega de mi serie favorita. Cuando me los entregaba con orgullo y satisfacción, deseaba besarlo, rogarle que no se marchase. Quería que todo fuese como antes, cuando nos conocimos en el Pub Sant James, con Salomón Burke de fondo, y nuestras copas de Bailey. Éramos amigos, compartíamos el dolor que nos había causado la vida y sus proclives;  nos dábamos cariño mutuamente, abrazándonos cuando hacia frio, o simplemente telefoneaba cada noche para asegurarse de que yo seguía ahí. Poco a poco formó parte de mi rutina, de mi misma y manejó todos los pensamientos que tenia sobre él. Tenía un carácter difícil, golpeaba el volante cuando le insistía que cambiase de dirección, se salía del coche para según él, poder respirar debidamente. Conocía sus ansiedades y temores, la marca que su pasado había dejado en todos los rincones de su habitación y en sí mismo. Pero ahora, ese hombre que creía conocer muy bien, era un extraño. Nadie termina de conocer realmente a una persona.

Apenas recuerdo lo que ocurre cuando entra por la puerta, creo entender que no he hecho nada malo para que actué como un bumerán. Un fuerte golpe en el costado, los labios hinchados, ¿y si me ha besado demasiado fuerte? No, lo recordaría. El frio y duro contacto de las baldosas contra mi cuerpo. ¿Cómo es posible que tenga tanta fuerza?

 El espejo estalla en mil pedazos, se incrustan en algunas partes de mi cara, brazos y rodillas. Un trocito de cristal se ha colado por mi boca, intento escupirlo, pero baila entre los dientes. Veo mi imagen distorsionada y repartida en reflejos, tengo un aspecto azorado y sanguinolento. A pesar de que hay fuego entre mis venas, alzo la mirada. Ante mi, una silueta soberbia, sus ojos, dos circunferencias convertidas en dos llamas. Se agacha, huele a cerveza y tabaco, odio. Me tira del pelo y acerca su boca a la mía. Puta: susurra; ¡Puta, levántate!, te han pillado hablando con el vecino, ¡eres una autentica puta!. La cabeza es un martillo que golpea mis sienes, quiero levantarme, decirle que esto no es una derrota. Cierro los ojos y escucho a mi corazón, suplicándome que me ponga en pie. (Vamos, ponte en pie, ¡maldita sea!).

Aparece en mi mente la señora Carmen (la frutera que también lleva gafas de sol), Beatriz (mi compañera que sale los domingos conmigo para jugar al bingo). Aparece mi pasado, ese bebé que podría haber tenido y terminó desprendiéndose como una lágrima espesa entre mis piernas. Yo convertida en adolescente, con miles de sueños, sonriendo siempre, deseando encontrar el chico adecuado. Aparece mi presente, tormentas, angustia, dolor. Aparece mi futura yo, vestida de felicidad, con otra mano que no permite mi caída, curando mis heridas, una mujer sin señales, y que ha aprendido a valorarse. Miro de reojo el calendario herido por mis cruces, y decido actuar.

“Mujer mata a su marido ayer tarde, en Jaén. Los informes indican que lo hizo por defensa propia. La víctima tenía 53 años, y sufría de trastornos  psíquicos. La autora del crimen confiesa que cada día era una tortura, y que tuvo que elegir entre su vida o morir. A día de hoy, son más de 400 mujeres víctimas del maltrato en nuestro país.”














martes, 22 de noviembre de 2011

OCURRIÓ EN UN XIX


Como el filo de una navaja,
rajando mis labios,
La lengua es una contraseña que esconde una historia.

Mezclé el helado con lágrimas,
El frio se hizo amigo de mi pensamiento,
Volví a pensarte, de nuevo, débil.

Una sacudida en el pecho,
era anciana dentro de un cuerpo joven, febril.
Anoche nadie entendió el silencio que se presentó,
el constante restriego del pañuelo sobre mi cara,
el rímel dejó su huella,
Ya era tarde.

¿Tarde para qué?
¿Quizá, para ser feliz?

Arañé mis párpados con la violencia de los dedos, qué sumisos, 
obedecían a mi recelo.
La tapa del retrete hizo de mi almohada,
vomité la tristeza que había quedado atascada.

Así soy algunas noches,
Mitad-luna,
Mitad-tormenta.

Esta es la endeble bipolar que conoces,
que cuenta los sábados para hacerlos domingos.

Y…
mientras el destino era una autovía,
reprochaste que no tenías culpa de que aun yo no hubiera superado…

viernes, 18 de noviembre de 2011


Es tarde, el viento sacude la persiana,
parece que va a llover.
Imagino que estarás observando el cielo también,
pensando tal vez en lo que hablamos,
cuando la lluvia hacia llorar los tejados.

Al cerrar los ojos,
tu voz llega de improvisto,
es cuando me doy cuenta de que empiezo a necesitarte,
algo me evade,
no sé que palabra define lo que siento por ti.

Supiste desnudarme sin manos,
encontrar esa mujer que vivia en mí,
sin tapujos, inmoralidad,
fui presa de tus pasos aviesos.

Me gusta sentir tus labios mordiendo mi piel,
te quiero,
pero de diferente manera.
tu cuerpo sobre el mio,
haciéndose orgiástico.

Nuestras voces callan,
las miradas hablan por si solas,
un mensaje que solo nosotros sabemos descifrar.

Preguntaste que hasta cuando,
y te contesté con un abrazo,
hoy solo llueve, dijiste.
Temias que el sol saliese para recordarte lo vacías que se encontraban tus sábanas,
-deja que el cielo llore de vez en cuando- respondí.

Llevo una lucha constante,
a pesar de que los guantes se quedaron en casa,
queria encontrar a un adversario
que tirase la espada.

Hoy no andaré desnuda,
tendré como camiseta
aquel escudo que se cosió en el alma.

Escucharé el silencio que conocen las calles,
tu ventana es la clave de que existes,
es suficiente,
para mí.





sábado, 12 de noviembre de 2011

...Adiós?




Que más da, si al fin y al cabo te comiste mi corazón,
se pudre, ese agujero que se quedó vacío,
estas manos que se usurparon, etéreas.

Que fácil es romper una barrera,
llenarse los calcetines de barro,
mancharse los zapatos, de serrín.

Esto es lo que ha quedado de mi:
un revuelto de huesos,
gusanos y arena,
mi llanto es una cisterna que bombea.

Te vas,
y hueles a dolor,
fenezco en cada huella que dejas,
déjame un pensamiento
en estas paupérrimas paredes.

Dejaré en tu pecho
una última lágrima borracha
que tomé prestada
de este vaso de vodka.  

viernes, 11 de noviembre de 2011

Cementerio.


El otro dia la vi,
ataviada en desesperanzas,
llevaba una cuerda entre las manos,
el pelo disecado,
no habia fulgor en su mirada.

La tierra moria entre sus pies,
aquel rostro...moribundo, se burló de mi terror,
unos cuervos se habian comido las lagañas,
los labios cosidos,
ignoré el color de su lengua.

Corrí, dejándome el aliento en cada paso,
ella, delante de mi,
sin un principio ni final.

Olia a muerte,
las lápidas eran cajones de carton,
desapareció,
y me quedé sola,
derramando preguntas.


miércoles, 9 de noviembre de 2011


Anoche necesitaba recordarte, imaginar que estabas presente, estuve en tu portal,  la persiana bajada volvía a reírse de mí, decidí llamar al botón de al lado, la casa de la que era tu vecina y amiga. Ensayé una sonrisa, a pesar de que lo que en verdad deseaba, era llorar. Gritó con júbilo mi nombre, y precedió a darme un abrazo y un fuerte beso en la mejilla. Una Lágrima caída y no supe si era por el ojo que tenia enfermo o por mi inesperada visita. Entramos y me ofreció su asiento junto al brasero, lo agradecí, pues en la calle hacia una temperatura de 15º bajo cero. Se sentó lentamente en el sillón y fue entonces cuando noté el lado vacío. Solías sentarte en la misma postura, la cabeza ligeramente encorvada hacia delante, porque te dificultaba ver la televisión, la luz del día cuando iluminaba tu pelo blanco, esa expresión aislada e inocente. Ignoré ese dolor que empezaba a engendrar y me concentré en la conversación que ella, quería conllevar. Preguntó lo que preguntan las mujeres mayores cuando se encuentran con una joven que tiene una vida sumamente interesante al lado suya. Solo podía responder abreviaciones y confirmar que en verdad, todo volvió a su cauce, pero la herida sigue abierta,  lo sabe tan bien como yo. Vi su soledad, quizá más que antes, será porque yo también sé lo que es y lo que significa dentro de sus convenios. Tenia las manos incluso más arrugadas, el semblante preparado para cuando tuviese que despedirme y marchar hacia mi rutina. En la televisión emitían ese programa que ambas odiábamos pero que no teníamos más remedio que ver, queríamos empaparnos de las últimas novedades y no dejar hablar al silencio, porque a veces sentíamos que dolía. Degusté una ciruela que ofreció, el jugo dulce fue un deleite para mi lengua, me recordó a la vejez, porque es una máscara que aparentemente es sobria, oscura, pero por dentro es dulce y sabia.

Al rozar el hueso del centro, recordé cuando de pequeña, te pregunté si eso seria el corazón. Sonreíste y dijiste que todas las cosas de este mundo lo tenia. Le pregunté si tenia miedo del final y me miró dubitativa; claro que lo tenia, pero ansiaba encontrarse contigo y con su hermana en el otro mundo, cada noche, al cerrar los ojos y visualizaros, era más valiente. Me di cuenta de que no quería envejecer, convertirme en una solitaria y triste anciana con un brasero calentando sus pies y los huesos siendo una pesada manta. No quería ejercer el papel de abrir una puerta y fingir que estaba bien, cuando en verdad no lo estaría. Sentarme en una mecedora, recitar versos de una historia que la vida me dio, mirar la televisión y preguntarme cuanto me hubiese quedado por aprender de la vida misma y sus protagonistas, ver a jóvenes aprendices de un camino vorágine. No quería enfrentarme al vacío de una habitación y respirar la humedad de las paredes, sentir la huella de los recuerdos, pensar ante un frigorífico escaso de comida, que es lo que podría llenar en mi pequeño estómago.

Cuando ya no supimos de que hablar y nos empezaba a doler el silencio, me puse en pie y sin seguir mirando tu asiento burlón y vacío, me despedí de ella, ignorando al salir, tu puerta, que si ya no tenia polvo, era un milagro. Bajé las escaleras como si mi cuerpo se hubiese quedado allí dentro con tu recuerdo. Una vez en la calle, envuelta en la constante rutina de la ciudad, dejé que el frío me contase como podría recuperar la calidez.  

domingo, 6 de noviembre de 2011

Siempre imaginé tener una casita contigo y hacerme mujer a tu lado.Aquellas historias que inventé sobre un futuro las plasmé en un papel, y fíjate, se arrugó, como se arruga la piel con el paso del tiempo, y ahora sé que es efímero, que nada perdura. Son solo eso, sueños de papel.


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sábado, 5 de noviembre de 2011

¿ Creer o no creer?


No hace mucho que di con este video, admito no haber sido partidaria de las peliculas de Woody Allen, más que nada por que tampoco él me llamaba la atención. Pero cuando troceé esta escena desde su punto de vista, algo en mi brotó, algo, que hizo darme cuenta de que no era la única que tenia tantas preguntas acerca de Dios, la vida y muerte, ese repentino temor a dejar de existir. Dios... ¿ qué significa en verdad esa palabra? ¿ qué transmite?, y si... ¿ dios fuésemos nosotros mismos?, ¿ de verdad existe? ¿ que es dios para nosotros, para el mundo?. Tantas preguntas y todas casi acerca de quien es verdaderamente ese hombre que le dio significado a la biblia, el mundo, la vida, que cuenta con millones de manos fusionadas que tienen fe e intentan encontrarlo en cualquier lugar. Este video me hace acercar más a Woody.

video

martes, 1 de noviembre de 2011

El viejo y el mar.

http://www.youtube.com/watch?v=xuLsWkDm4QU: parte 1 sub español

http://www.youtube.com/watch?NR=1&v=eQo8RYhcI98: parte 2 sub español..

Hoy pondré un tema diferente, la increíble historia del viejo y el mar, una obra de Ernest Hemingway. Pero en vez de decir de que trata, he puesto los links de los vídeos para que lo veais por vosotros mismos. Aquí pondré también las cosas buenas que he encontrado en él.


1º El baile de las olas y esa impresión de poder acariciarlas.
2º las nubes pareciendo trozos de algodón.
3º la expresión temeraria y excitante del anciano ante la improvista sacudida del arpón.
4º el color hermoso de la aurora bañando el cielo.
5º el chirrido de las aves, por lo que le da más realismo.
6º detalles como el chapoteo del pájaro sobre el agua.
7º el flashback del duelo que mantiene el anciano protagonista en sus años mozos, junto a un tipo alto, fuerte y temerario. Los rostros expectantes de los presentes: borrachos, mendigos, caballeros distinguidos, el camarero..., y esa frase que el anciano dice en un momento de descripción: a la luz de las lámparas de kerosene. Verdaderamente en esa escena, se distingue el fulgor amarillento. El humo de una pipa. el chirrido de la persiana desprendiendo la luz del nuevo día, iluminando la escena en la que los dos hombres, intentan ser uno más fuerte que el otro; casi puede notarse, déjeme decir: el dolor agudo del antebrazo y muñeca.
Luego, la escena vuelve a retornar en la barca, el anciano entumecido de frío, con el cielo azul eléctrico haciendo de noche. El borboteo del vino por su garganta, bebiendo los últimos resquicios de la botella. De pronto, esa preciosa reflexión bañada en azul desde el minuto: 02:03 hasta el minuto 03:42. " El hombre no es gran cosa al lado de los grandes pájaros y las bestias. Pero estas bestias no son tan inteligentes como los hombres que las matamos. Ellos son más nobles y más capaces. Yo preferiría ser aquella bestia, allí, en la oscuridad del mar. El pez es mi hermano, pero debo matarlo. Estoy contento de que nosotros no tengamos que matar las estrellas, imaginemos que cada día un hombre tratara de matar la luna; la luna huiría. Pero imaginemos que cada día un hombre tratara de matar el sol, nacimos afortunados.".


Luego, la caída del anciano mientras intentaba acercar la presa a su territorio, esa incansable manía para conseguir su objetivo. La lucha de ambos comandos, la del hombre y el pez, uno luchando por atraerlo, el otro luchando por sobrevivir. Después ese cansancio que queda después de la victoria, esa mirada precavida, asustada, cuando cae en la cuenta de que la amenaza se burla de su suerte, intentando desequilibrar su salvación. Pero lucha, con todas sus fuerzas y finalmente lo consigue, es un héroe con avanzada edad. La barca es vomitada por el mar y allí, en la orilla, varios rostros anonadados observan el esquelético y gigante pez que el anciano ha traído consigo. Los niños exclaman que es el pez más grande que han visto en su vida. El anciano yace de bruces sobre la cama. Está cansado, ha sido una dura batalla. El chaval, su aprendiz, lo observa desde la puerta, con la respiración entrecortada, decide hacerle un remedio natural para aliviar los dolores musculares. El anciano revive sus peripecias, el chiquillo le quiere hacer entrar en razón. El anciano le incita a pescar juntos algún día, pues lo ha echado de menos. El chiquillo tapa con una manta, el escuálido y flácido cuerpo del pescador mientras le asegura que mejorará y que tiene que ponerse bien, puesto que quiere seguir aprendiendo de él. Y como acto final, los suaves balanceos de los árboles mientras el chiquillo emprende el camino para traer comida. 


Paradoja según mi punto de vista:


" Si deseas algo y crees que puedes hacerlo, debes intentarlo una y otra vez sin importarte fracasar o vencer"

sábado, 29 de octubre de 2011





Hoy he pasado por varios lugares donde en cada uno de ellos tu estabas, la noche me devolvía el eco de mis pasos sobre el vacío de una ciudad. Te vi, acercándote con esa pose que hacia que todo mi cuerpo temblara, nos vimos tumbados en el césped, imaginando tocar las estrellas con los dedos, y después, levantarnos corriendo porque se nos hacia tarde. Aquel montículo de hierba donde decapitabas mis labios con tus besos, y yo reía juguetona porque los sentía enmohecidos. Nos vimos jugando a ser niños, yo encima de tus pies, bailando una canción que no sonaba en ninguna parte, salvo en nuestro susurro. Tu voz pronunciando mi nombre, hasta que nos lo supimos de memoria, mordisqueaba las silabas de tu apellido, porque era lo que más aprendí de tu DNI. Nos vimos balanceándonos en esos columpios de rueda, vitoreaba el cielo, las palomas, nuestro pelo, todo daba vueltas y no sentíamos miedo. Sentí el peso del tiempo en la mandíbula, algo apretaba mi lengua, la garganta, y no era nerviosismo, tal vez era ese estúpido temblor que trae la incertidumbre. Nos vimos siendo caballos, libres, como el viento, ignorando las reliquias que dejamos en la mesita. Me vi enamorada de ti, cada hueso de mi cuerpo era una masa endeble que caía en lava sobre tu agenda de lunes a viernes. Esperaba a que sonara el teléfono, una y otra vez, hasta que terminó siendo mi pasatiempo. Mientras caminaba sobre el silencio, esa soledad que bailaba en los árboles, rememoré esos pequeños trazos que la vida me dio cuando tenia doce años, catorce, como los números pares. El instituto parecía un simple edificio vestido de viejo, los ladrillos más amarillos que antes, como láminas de pergamino. Parece mentira que fuera a través de esas ventanas donde yo imaginaba un mundo, donde descubrí mi verdadera vocación, plasmar palabras. Por aquel entonces tu estabas muy lejos, y no pensé encontrarte nunca, porque dicen que las chicas buenas sufren más y el amor les viene más tarde. Empapaba los recreos con miradas hacia una camiseta negra, creía que era él, que siempre seria él, pero me equivoqué, cuando eres joven te equivocas tantas veces...

Decían que nunca llegarías, y para empatarles con esa mentira, fijé mis ojos en más camisetas, azul, verde, gris a cuadros...pero siempre estaba la negra, en todas partes, burlándose de mi ignorancia y búsquedas, en los pasillos, en las mesas pintadas con rotulador, con lápiz, nombres que rajaban las esquinas. Cosí su nombre en cada primera hoja de todos los cuadernos que guardaba en la mochila, e incluso en el forro, y todo para que él no las viera, porque decía que nunca podría fijarse en alguien como yo. Mientras yo sentía lentamente como el amor empezaba a llamarme dentro, tu estabas en otro país, con otra historia, haciéndote hombre, y el destino te llevó a mi, eso es una de las cosas que pienso cuando necesito saber que sentido tiene todo esto. Hoy, en esta noche, yo me he hecho muchas preguntas, y mientras intentaba analizarlas, dejé que el crujir de mis pisadas, sabotearan las baldosas granates y blancas que me conducían a casa.