domingo, 21 de noviembre de 2010

La triste mirada del elefante.


"Abrí el armario y me encontré con la triste mirada del elefante", aun recuerdo esa frase como si la tuviera clavada en el alma, esa frase que utilizábamos nosotros para regocijarnos y entendernos, como aventureros que éramos. El tiempo atrás, la vista hacia adelante, yo en este lugar, rememorando el río Gualdaquivir, la preciosa mezquita, la Plaza Tendillas, donde solíamos sentarnos para hablar o gritarle al mundo como nos sentíamos. Tengo dos cartas de Yolanda, y una de Jonathan, Ataviada con mi largo abrigo negro me siento en donde antes lo hacíamos todos, dejándonos deleitar por esas columnas de piedra y olor a leyenda. He decidido regresar para leerlas, para sentirlos aquí conmigo, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Abro la primera carta, apenas casi distingo la letra de Yolanda, la lluvia y los años han arrugado y ensuciado el papel.

Hola Estefanía:
Ha pasado ya... ¿cuanto, tres años?, dios, si, tres años, ¿te lo puedes creer?, ayer vi a los demás, Sergio aprobó la carrera de enfermería, ya mismo lo veremos entre agujas y sueros, con ese uniforme blanco que ambas nos hemos imaginado muchas veces. A Maria se la han llevado muy lejos, y parece mentira que Córdoba siga igual sin ella, para mi, esta ciudad ya no me parece ciudad. Carlos... bueno, la verdad es que sigue siendo el loquillo de los chistes, sigue contándolos, fingiendo estar bien cuando no lo está. Y nuestro Jonathan... bueno, él no te olvida, y nunca lo hará, desde que te fuiste le cuesta sonreír, es normal, a todos se nos ha olvidado hacerlo, sigue persistiendo en que algún día volveremos todos juntos, como en los viejos tiempos. Ayer cumplí los 18, y pensar que esa edad se nos hacia lejana...., yo estoy bien, he iniciado una nueva relación con un chico, es marroquí, sé que me regañarías, y tendrías razón, pero tal como dicen, cuando te enamoras de alguien lo haces y punto, no te importa lo que piensen o ocurra. Bueno amiga, me despido con un fuerte beso, pronto tendrás noticias mías y espero que tuyas.
Te quiere, Yolanda.

Suspiro, cierro la carta, un olor a chocolate caliente invade este espacio, el cielo esta teñido de rojo, el sol ya se quiere ir a dormir, acabo de tener estas noticias, el atardecer puede esperar. Abro el segundo sobre.

Amiga mía:

¿Que ha pasado contigo?, ni siquiera sé si te habrán llegado estas cartas mías, pero decido escribir de igual manera, así se me hace mas fácil, imaginarte leyéndolas me hace más fuerte. Querida amiga, ha pasado un año más, y yo me siento sola a pesar de que estoy rodeada de tanta gente, tengo un hijo, me casé por lo civil hace unos cinco meses, mi Xavier es precioso, ójala pudieras verlo, tiene mis ojos y las facciones de su padre, cuando lo miro no sé que pensar, me da tanto miedo esto, ser madre no es fácil. Tengo muchas cosas que contarte, pero por carta se haría demasiado largo y no quiero aburrirte. A veces me pregunto en como estarás, si eres feliz, si has crecido más de la cuenta, si has llegado a calzar el número 43 de zapato... era tu mayor ilusión, solías decir que te gustaría tener los pies más largos del mundo para calzar los mejores zapatos de todo el planeta. Te echo muchísimo de menos, ójala algún día vuelvas, sé que te fuiste para olvidar, para encontrarte, para buscar algo que llenase ese hueco que decías que se te hacia insoportable, ¿lo habrás encontrado? Espero saber pronto de ti,

Te quiere, tu amiga Yolanda.


Esta última carta hace que el corazón se me encoja, ojalá pudiera abrazarla a través de estas palabras, tenerla aquí conmigo, siendo cómplices de nuestros pensamientos, no quiero llorar, de nada serviría, pero ¿que consigo haciéndome la fuerte?, ahora mis amigos andan en algún lugar, perdidos, disueltos, cada uno con su vida, sin tener siquiera alguna dirección de ellos para mandar mi correspondencia. Añoro la risa de Yolanda y sus manías de lanzarme arriba, siempre tratándome como la heroína del cuento, extraño por igual a Carlos, con su pelo encrespado, intentando ponérselo liso, y sus formas de hacer reír, siempre lo conseguía, Maria y sus ojos de caramelo, las frases improvistas que decía para que se disiparan mis dudas, sus abrazos, su mirada, sus ganas locas de volar alto. Sergio disfrazándose de médico y siendo nuestro salvador de enfermedades y resfriados, Y Jonathan, nuestro Jonathan, el que no quería perder nuestra esencia, el que se aferraba en nuestros brazos cuando Carmen le decía un no y lo mandaba a tomar paseo, el que calentaba mi corazón con poemas y versos. La última carta espera en mi bolsillo, decido abrirla, quizá así les pueda decir adiós.


Mi querida y lejana Stephany:

Al final habéis volado, cada uno a un puerto diferente, pero yo sigo aquí, esperándoos, teniendo la esperanza de veros de nuevo, de pasear por estas calles que ahora ya ni siquiera me motivan. Hay silencio, me da miedo que haya tanto silencio, ¿pero sabes de donde procede? de mi mismo. El médico dice que padezco anorexia, aprendí a dejar de comer, no me preguntes el porqué, simplemente ya no me quedaban las fuerzas necesarias para alimentarme a mi mismo, seguramente te sorprenderás, esto de ser tan sensible no es nada bueno, me enamoré de Carmen, mira que Carlos me lo decía, " no te enamores de esa lagarta, que lo único que esa hará, es que busques la muerte", y que razón tenia, empezó a decirme que estaba gordo, ella, que le encantaba como se me quedaban los pantalones. Después dejó de besarme, y después me dejó tirado, con una rosa en la mano, con una última gota de su perfume en mi cuello. Ella me buscó la muerte Stephany, lo peor es que estoy solo en este mundo, os tenía a vosotros, pero crecimos, dejamos de ser Peter pan y los niños perdidos, y nos convertimos en adolescentes precavidos, luchando por sueños y metas, por la libertad. No tuve alas suficientes, tenia los pies clavados aquí y mira lo que ha pasado, al final seguiré amarrado a esta ciudad de leyenda. El día que leas esto, no sé si estaré, pero quiero que me mantengas vivo en nuestro parque, en la esquina del instituto, esperando a Maria con carpeta en mano. El día que regreses, recuérdanos, al fin y al cabo nuestras sombras siguen ahí, en Córdoba, espero que estés bien y mantengas aun esa sonrisa tuya y esas ganas de vivir, un fuerte abrazo.

Jonathan.

La primera lágrima cae en el papel bañando las palabras, aun me viene el eco de nuestras voces gritando: " abrí el armario y me encontré con la triste mirada del elefante", después reíamos, tirados en el suelo, apretándonos la barriga por miedo a que se nos partiese en dos. Tan pequeños, inmunes al futuro, esclavos de la juventud. Nuestro triste elefante imaginario, surgido de la idea de crear una frase disparatada, Maria la inventó. Un soplo de aire acuna mi cabello, empieza a hacer frío, se oyen ruidos que hacia tiempo que no oía, los chirridos de las persianas al cerrarse algún local, los niños jugando, los ancianos hablando en voz queda, la ambulancia a lo lejos, el creciente tráfico a estas horas de la tarde..., que olvidada tenia Córdoba, aun recuerdo el primer beso de Juan, el besucón, en la calleja de las flores, los días de lluvia sentada en mi balcón mientras oía como mi madre tocaba el piano, el sol saliendo de entre las montañas, coloreando el campanario de la mezquita, los largos paseos por el Gualdaquivir, imaginándonos ser el agua que fluía para llevarnos a alguna parte. Guardo las cartas en el bolsillo, aun no quiero marcharme, el último tren saldrá dentro de treinta minutos, ójala no me sintiera de esta manera cuando debo arrastrarme a lo que ahora es mi hogar, Madrid no me será acogedora como esta ciudad que tanto quise hace años. Quizá no debería haber elegido la soledad como compañera, era tan solo una paloma que quería alzar el vuelo. Aprovechando los últimos minutos, espero sentada, rememorando todos esos recuerdos que no han muerto, las risas, los juegos, las ganas de vivir, nuestro escondite para observar, nuestras manos unidas, corriendo como si fuéramos viento, haciendo de Córdoba nuestro país de nunca jamás, unidos hasta el fin de los tiempos, y gritando:
"Abrí el armario y me encontré con la triste mirada del elefante". A lo lejos veo un numerado grupo de Jóvenes compartiendo risas y palabras, una sonrisa se dibuja en mis labios, algún día los volveré a ver, en alguna parte, en algún lugar, cierro los ojos, dejo que el sol duerma, inspiro la esencia de mi Córdoba, quizá decida volver.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Dias contados

Tengo dos días de temor y búsqueda, dos días para emprender el viaje que me llevará a él, dos días para saber si verdaderamente el camino estaba completo o si merecía la pena seguir caminando. Tengo el corazón muerto, la voz cosida en el alma y un cuerpo frágil, abatido. Hace tiempo que Samuel se marchó de la ciudad, y con él, los tiempos robados, estática la cuerda del reloj. Subió en ese tren, y desapareció envuelto en bruma y niebla, tallada mantengo su voz en mi mente, rogándome que no lo olvidara, que lo buscara cuando fuese el momento. Me quedó el fuerte sonido del tren, alejándose, llevando consigo mi vida, lo que me quedaba en este mundo, él. Me dejó su último beso, la promesa fugaz en aquel rellano de nuestra mutua escalera, y su fotografía, la que ahora mantengo entre mis manos, como si fuese mi más preciado tesoro, la prueba de que él me quería de verdad.

- Lo vuestro no puede ser- cuantas veces he oído esas palabras en bocas de lobos, pero ya no me importa, en esta fría mañana de agosto, me dirijo a aquel viejo árbol donde nuestras iniciales están inscritas, toco la rasposa inscripción, la angustia y la nostalgia invaden mi corazón, este árbol es testigo de aquel nuestro primer beso voraz, aquel funesto llanto en las despedidas y esas promesas tácitas de nuestra lucha constante y prohibida. Hoy cogeré todas mis pertenencias, y partiré hacia algún lugar, en busca de Samuel y de la verdad que quiero encontrar, con la esperanza en la mano y con mis labios envueltos en secretos.

martes, 9 de noviembre de 2010

A Drácula

He escrito este breve poema en dedicatoria a Drácula, una historia especial y peculiar, una de las mejores historias de amor y terror, a ti drácula, que hiciste temblar este mundo de odio y delirio.

Esta es nuestra verdad,
el secreto que guardaba mi alma,
el secreto que escondia tus labios,
mi existencia llegó a su fin cuando te encontré.

Fué el sonido de tus palabras lo que me llevó a ti.

Aún sigo sintiendo el corazón latir en mi pecho,
percibo en el aire tu aroma,
el frio de tu aliento escapandose de tus labios en mi cuello,
tus dedos atenazando mi piel,
muriendo en tus brazos,
si, estoy extinguiéndome poco a poco.
La ventana de mi habitación sigue abierta por si decides velar mi sueño,
a veces creo distinguir las manchas carmesí de tus pupilas acechando en la oscuridad,
aún después de todo, te seguiré amando,
dejando que tu recuerdo quedé sellado en mi alma.

¿ Qué te hizo morir?
oh vida mia, ¿ que te hizo hacerlo?.