miércoles, 29 de septiembre de 2010

cometa en el cielo

Parece mentira lo rápido que ha pasado el tiempo, ahora rodeada entre montañas, entumecida por la fresca brisa del verano, siento algo realmente asombroso, difícil de explicar. Da miedo, estoy convirtiéndome en una gran mujer, tal como papá podría decirme ahora mismo. El mundo es tan grande… ¿que soy yo bajo esta capa de ozono?, la luna colorea mis pupilas, y le da un tono níveo a mi piel.

- Dile adiós a la luna- solía decirme la voz de mi padre cada noche, cuando el sol decidía irse a dormir, juntos gritábamos- ¡buenas noches luna!.

Me gustaba cuando al llegar a la última silaba de la palabra luna, la voz de mi padre parecía derretirse y convertirse en un dulce caramelo. Si el pudiera verme ahora, si tan solo pudiera volver a mirar su rostro una y otra vez hasta fotocopiarlo dentro de mi cabeza..., seguramente si me estuviese mirando en algún lugar del mundo, para el seguiré siendo aun aquella ingenua y cándida chiquilla, esa mocosa que se metía el dedo en la boca o la que le gritaba como una consentida una pirueta. Recuerdo como me solía alzar entre sus brazos y juntos dábamos vueltas y más vueltas, convirtiendo el paisaje que nos rodeaba, en un tiovivo. Me gustaba su asimétrico rostro, y en como las cejas se le subían en forma de arco, en como movía la boca de un lado a otro cuando se ponía a pensar. Juntos, en la playa, él me sentaba en la arena y construíamos castillos con dragones y mazmorras, me llenaba las mejillas de besos de arena y me dejaba enterrar su cuerpo entre mareas, cubos y palas.

- ¡Cometas!, hoy verás cometas- me dijo un día, cuando mis ojos empezaron a probar las lágrimas de la tristeza.

Compramos juntos una bonita y multicolor cometa, intentamos alzar su vuelo pero siempre caía, débil, triste. Imaginaba volar con ella, tocar el cielo con las manos, pisar el mar desde arriba. Convertimos esas tardes en rutina, la llamamos " la cometa de nuestros deseos". Siempre hacia que pidiese una petición cada vez que aquel artilugio intentaba volar, libre, como el viento. Le gritaba a mi padre el porqué no podia subir más arriba, y él me decia:

- Una cometa es como un abrigo de sueños, al principio, le cuesta ser libre, soñar, tiene miedo de enfrentarse al cielo, a mirar más allá del horizonte, pero si tu le ayudas a ser constante, aprenderá a subir más allá del infinito.

La cometa siguió teniendo miedo de subir, pero en respecto a mí, dejé que ese abrigo de sueños alcanzasen un mundo nuevo para mí, me dí cuenta de que habia tenido tanto temor hacia lo desconocido que eso me impedia ser feliz, aprendí a soñar gracias a él. Ahora aquella cometa ya no existe, poco a poco, se fue deteriorando hasta que su fina tela no pudo resistir más. Me he convertido en Wendy, y mi padre que siempre fue y será un Peter pan, descansa ahora junto al mar, esparcido sobre el agua, convertido en ceniza, en polvo, en nada. Y sin embargo, yo lo siento vivo en todas partes, en mi alma, en mi corazón, en cada lugar del mundo. Recorro con un suspiro esta playa que ahora ya no tiene vida, este pacifico lugar donde la tomamos como nuestra, donde hizo que mis sueños fuesen cumplidos junto aquella cometa. He decidido comprar otra, casi puedo oír la voz de mi padre, su voz de caramelo. Despliego la cometa, dejo que se escape de entre mis manos y mi boca formula un deseo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ella lo mató


Ella, que siempre iba radiante y que emitia una de sus mejores sonrisas, la que iba con él a todos sitios y se impregnaba de su sabiduria. Ella, que le comia la boca a besos, y le arrebataba el alma en un segundo, dejando que su cuerpo se fundiese y fuese consumido por las reliquias de una noche de entrega y pasión. Ella, que decia con esa total seguridad que moria por él, que lo haria siempre y que no iba a ser de nadie más. Y hoy él se esfumó con el recuerdo de ese perfume de mujer, sin saber donde, sin alma, sin corazón, sin nada.
ella... lo mató.

El sacristán

Mi nombre es Juan y soy sacristán del pueblo donde vivo. Tengo cincuenta años y mi vida empieza a deteriorarse, he vivido para esta iglesia, he cumplido todas las tareas que se me han otorgado a lo largo de los años. He señalado el hoyo de los difuntos, he soñado incluso con ellos en las frías noches de invierno. Mis manos han acariciado infinitas veces las campanas de la iglesia, he resucitado el día y he enterrado la noche con aquel sonido catedrático. Conozco cada rincón y escultura, he limpiado cada domingo aquellas malgastadas y sucias escaleras, estos suelos de mármol, cada pieza delicada. He visto miles de rostros, los he bendecido con las palabras de jesús, he bebido el delicioso sabor del vino, he enseñado a jovenes llevar este oficio, he crecido aquí y mi vida acabará tarde o temprano en este antro que ha sido más que mi propio hogar.