martes, 28 de diciembre de 2010


De nuevo sin tí, otra vez de vuelta, pidiéndole al cielo que por favor me trajese de vuelta de nuevo. Subí a ese avión como tantas veces, aquel enorme pájaro que me aleja de tí, que no me deja bajar para quedarme a tu lado. Mientras caminaba con maleta en mano y el corazón en la garganta, me preguntaba si deberia irme, si quizás no seria demasiado tarde, te veia allí, mirándome mientras me alejaba, pero no queria llorar delante de tí, no, tú no merecias verme triste, tú mereces verme con la esperanza dibujada en los labios, con la espera dentro de mí. Te hablaba por dentro, te pedia, suplicaba que no me dejases marchar, que cogieses con fuerza mi mano, "por favor no me dejes marchar", pero lo hize. De camino al avión agarraba furiosa la maleta, no queria irme, dios, que difícil es decirte adiós, por un instante, quise huir, correr, dejarlo todo, simplemente asi de fácil, dejarlo todo para estar contigo. Apenas parecia sentir las piernas cuando subí a la plataforma y dentro, sentarme en mi asiento designado. Acariciaba Barcelona con la mirada, como si el alma se me fuera a través de la pequeña ventanilla, el cielo aun le daba las buenas noches, ya no la veia de dia, ya tendria que esperar de nuevo para verla con claridad. Con un libro en las manos y el corazón en el suelo, el avión inició el vuelo y me alejó de ti, solo una lágrima robé, ya no me quedaban dentro, ya las eché todas el dia anterior, estaba vacía, como siempre. Un tímido amanecer me dió los buenos dias, pero para mí no lo eran, yo solo queria regresar contigo, mientras intentaba concentrarme en la historia que cernia el libro, recordaba todos los momentos que pasamos juntos en esos pocos dias que el tiempo me concebió, tiempo que no fué lo suficiente tras meses en tu ausencia. Recordé el temblor que emanaba todo mi cuerpo cuando bajé del avión y acudí a tu encuentro, con el corazón martilleandome dentro, queriendo salir para abrazar el tuyo, y te ví escondido entre la multitud, viniendo hacia mí, entonces me sentia feliz, como si todo yo flotase en el aire, como si nada me importara estando allí, abrazandote. Y entonces vino nuestra pasión, nuestras ganas de sentirnos, los besos que dejamos olvidados en septiembre, el cálido contacto entre las sábanas cuando conciliamos el sueño, tu perfume, tu esencia. Los dias que te ibas a trabajar, y yo esperandote ilusionada, deseando que el reloj corriese, para verte de nuevo, y de nuevo tu y yo, de noche, de dia. Odio como corre el tiempo cuando estoy a tu lado y lo lento que es cuando estoy sin tí, odio como me siento cuando sé que la hora llega, que queda poco para llorar de nuevo y que tendré que esperar meses para ver tu rostro de nuevo, para besar tus labios, para oler el perfume que desprende tu pelo, tu cuello, para cogerte de la mano. Abrí los ojos y estaba en el avión aún, cerraba los ojos por si todo era un sueño, teniendo la esperanza de que aún era de noche, de que aun me quedaban horas para despedirme, pero ya no me quedaban tan solo horas, ahora me quedaba un tiempo indefinido, semanas. Ya no veia a Barcelona en la ventana, ni el mar, ya se quedó atrás, y mientras sentia que el dolor crecia dentro de mí, el avión anunciaba la llegada de Granada, otra vez en estas tierras, de nuevo aquí, como si esa semana contigo no hubiese ocurrido. Pensando cuantas noches quedarán para vivirlas sola, sin el roce de tu pierna a mi lado o tu respiración en mi cuello, queria llorar, gritar, tener un hombro por el que apoyarme para compartir el dolor que sentia en ese momento, odio como ese vacío se hace insoportable. Como la canción de Francisco, me preguntaba adonde iria yo sin tí, adonde tendria unos labios que besar, y una mano que agarrar, una mirada que compartir. Mi corazón se quedó alli, contigo, y esperaré a que me lo devuelvas cuando nos veamos de nuevo, mientras tanto seguiré aqui, entre tristeza y rutina, contando los dias para verte.






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