jueves, 18 de noviembre de 2010

Dias contados

Tengo dos días de temor y búsqueda, dos días para emprender el viaje que me llevará a él, dos días para saber si verdaderamente el camino estaba completo o si merecía la pena seguir caminando. Tengo el corazón muerto, la voz cosida en el alma y un cuerpo frágil, abatido. Hace tiempo que Samuel se marchó de la ciudad, y con él, los tiempos robados, estática la cuerda del reloj. Subió en ese tren, y desapareció envuelto en bruma y niebla, tallada mantengo su voz en mi mente, rogándome que no lo olvidara, que lo buscara cuando fuese el momento. Me quedó el fuerte sonido del tren, alejándose, llevando consigo mi vida, lo que me quedaba en este mundo, él. Me dejó su último beso, la promesa fugaz en aquel rellano de nuestra mutua escalera, y su fotografía, la que ahora mantengo entre mis manos, como si fuese mi más preciado tesoro, la prueba de que él me quería de verdad.

- Lo vuestro no puede ser- cuantas veces he oído esas palabras en bocas de lobos, pero ya no me importa, en esta fría mañana de agosto, me dirijo a aquel viejo árbol donde nuestras iniciales están inscritas, toco la rasposa inscripción, la angustia y la nostalgia invaden mi corazón, este árbol es testigo de aquel nuestro primer beso voraz, aquel funesto llanto en las despedidas y esas promesas tácitas de nuestra lucha constante y prohibida. Hoy cogeré todas mis pertenencias, y partiré hacia algún lugar, en busca de Samuel y de la verdad que quiero encontrar, con la esperanza en la mano y con mis labios envueltos en secretos.

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