domingo, 3 de octubre de 2010

Huida


Ha caído la noche, el viento azota las ventanas de mi habitación, las ramas del ciprés golpean el cristal, como si estuvieran llamándome. El vestido blanco de raso que habia estado tanto tiempo guardado en mi armario por fin viste mi cuerpo, enamorándose de mis curvas. Odio como esta habitación lúgbre da vueltas y vueltas, no quiero estar aquí, no quiero bajar las escaleras y encontrarme con toda aquella gente extraña, vestida elegantemente. La puerta chirria cuando la abro, dispuesta a enfrentarme al nuevo mundo que me espera. La humedad viste las paredes, los escalones gruesos y deformes parecen hundirse bajo mis pies. No puedo respirar, no puedo apenas digerir cualquier pensamiento o plan de huída, y sin embargo allí están todos, con sonrisas burlonas, con miradas desdeñosas, con esa pizca de envidia. Y él me está esperando con esa pose suya, prepotente, carismático. -Querida- Sir marmalouke besá con respeto mi rosada mejilla, y casí me asquea el sello de su saliva impregnada en mi piel. Aun así intento mantenerme en pie, con la cabeza bien alta, como lo debe estar una mujer de alta sociedad, una mujer como yo tengo que ser. MIro a través de aquellos grandes ventanales, el crepusculo parece estar muriendo, y se escapa de entre las ramas. Solia sentarme en aquel árbol, escribiendo sentada, dejando que sus raices como garras, enredaran mis pies, me sentia segura allí, sintiéndome de su propiedad. Cuando miro el rostro de Sir marmalouke no sé lo que siento hacia este hombre de grandes prejuicios, barba prominente y ojos pardos, sus manos, grandes y posesivas agarran mi cintura, dejándome llevar por su ritmo, bailando, intentando ser una sola persona. De pronto, entre la multitud, veo unos preciosos ojos azul marino observarme con atención, y en ese preciso momento, el ritmo de mi corazón cambia, se vuelve furioso, indomable. Luego de pronto, se desvanece como el aire. Quiero gritar, intentar buscarlo, pero de nuevo aquellas fuertes manos que tanto me incomodan aprietan mas fuerte mi cintura, haciendome casi insignificante. La boca de Sir marmalouke se ensancha en una estúpida y maliciosa sonrisa, una mueca cruel. Mi mundo parece incontrolarse, cambia, se vuelve de gris a negro, me da miedo esta sensación, yo no deberia estar aquí. De pronto, una fuerza sobrenatural emerge de todo mi cuerpo, aparto las asquerosas manos de Sir marmalouke de mi cintura y le escupo en la cara. - No quiero ser tuya, nunca, jamás- le grito, no me importa las perplejas miradas que nos observan, ni tampoco el alboroto. Sir marmalouke no sonrie, ahora unas llamaradas de fuego asoman sobre sus pupilas. - Tú serás mia, quieras o no- me empuja hacia él, besa mi cuello, mi boca, manosea mis pechos y yo no doy credito a lo que está ocurriendo, forcejeo contra el, gritando.Cuando por fin consigo librarme de él, y salir corriendo de este castillo que ha sido mi prisión, me deslizo hacia el denso bosque. No me importa que esté oscuro, solo quiero volar, ser libre, alzo la mano hacia arriba, ójala pudiera tocar el cielo. A pesar de que las ramas rasgan mi vestido dejándolo casi como un harapo, y de que mi cabello sea ahora un revoltijo de onduladas hebras, corro sin cansarme, convirtiéndome en aire. La luna colorea mi estampa, unas pequeñas alas revolotean sobre mi cabeza , sé que es un murciélago, demonio que ha resucitado en la noche, dispuesto tal vez, a devorarme. A lo lejos se oye una melodia, la reconozco al instante, perteneció a mis manos cuando toqué el piano la primera vez, la inspiración que aparecia en mis sueños. Hace frío, abrigo mis brazos con las manos, la senda que pisa mis pies se convierte casi en una alfombra vestida de flores, un olor a clavo inunda el lugar. El camino parece no tener fín, la oscuridad es cada vez más densa, no se donde estoy, Ha caído la noche, el viento azota las ventanas de mi habitación, las ramas del ciprés golpean el cristal, como si estuvieran llamándome. El vestido blanco de raso que habia estado tanto tiempo guardado en mi armario por fin viste mi cuerpo, enamorándose de mis curvas. Odio en como esta habitación lugubre da vueltas y vueltas, no quiero estar aquí, no quiero bajar las escaleras y encontrarme con toda aquella gente extraña, vestida elegantemente. La puerta chirria cuando la abro, dispuesta a enfrentarme al nuevo mundo que me espera. La humedad viste las paredes, los escalones gruesos y deformes parecen hundirse bajo mis pies. No puedo respirar, no puedo apenas digerir cualquier pensamiento o plan de huída, y sin embargo allí están todos, con sonrisas burlonas, con miradas desdeñosas, con esa pizca de envidia. Y él me está esperando con esa pose suya, prepotente, carismático. -Querida- Sir marmalouke besá con respeto mi rosada mejilla, y casí me asquea el sello de su saliva impregnada en mi piel. Aun así intento mantenerme en pie, con la cabeza bien alta, como lo debe estar una mujer de alta sociedad, una mujer como yo tengo que ser. MIro a través de aquellos grandes ventanales, el crepusculo parece estar muriendo, y se escapa de entre las ramas. Solia sentarme en aquel árbol, escribiendo sentada, dejando que sus raices como garras, enredaran mis pies, me sentia segura allí, sintiéndome de su propiedad. Cuando miro el rostro de Sir marmalouke no sé lo que siento hacia este hombre de grandes prejuicios, barba prominente y ojos pardos, sus manos, grandes y posesivas agarran mi cintura, dejándome llevar por su ritmo, bailando, intentando ser una sola persona. De pronto, entre la multitud, veo unos preciosos ojos azul marino observarme con atención, y en ese preciso momento, el ritmo de mi corazón cambia, se vuelve furioso, indomable. Luego de pronto, se desvanece como el aire. Quiero gritar, intentar buscarlo, pero de nuevo aquellas fuertes manos que tanto me incomodan aprietan mas fuerte mi cintura, haciendome casi insignificante. La boca de Sir marmalouke se ensancha en una estúpida y maliciosa sonrisa, una mueca cruel. Mi mundo parece incontrolarse, cambia, se vuelve de gris a negro, me da miedo esta sensación, yo no deberia estar aquí. De pronto, una fuerza sobrenatural emerge de todo mi cuerpo, aparto las asquerosas manos de Sir marmalouke de mi cintura y le escupo en la cara. - No quiero ser tuya, nunca, jamás- le grito, no me importa las perplejas miradas que nos observan, ni tampoco el alboroto. Sir marmalouke no sonrie, ahora unas llamaradas de fuego asoman sobre sus pupilas. - Tú serás mia, quieras o no- me empuja hacia él, besa mi cuello, mi boca, manosea mis pechos y yo no doy credito a lo que está ocurriendo, forcejeo contra el, gritando.Cuando por fin consigo librarme de él, y salir corriendo de este castillo que ha sido mi prisión, me deslizo hacia el denso bosque. No me importa que esté oscuro, solo quiero volar, ser libre, alzo la mano hacia arriba, ójala pudiera tocar el cielo. A pesar de que las ramas rasgan mi vestido dejándolo casi como un harapo, y de que mi cabello sea ahora un revoltijo de onduladas hebras, corro sin cansarme, convirtiéndome en aire. La luna colorea mi estampa, unas pequeñas alas revolotean sobre mi cabeza , sé que es un murciélago, demonio que ha resucitado en la noche, dispuesto tal vez, a devorarme. A lo lejos se oye una melodia, la reconozco al instante, perteneció a mis manos cuando toqué el piano la primera vez, la inspiración que aparecia en mis sueños. Hace frío, abrigo mis brazos con las manos, la senda que pisa mis pies se convierte casi en una alfombra vestida de flores, un olor a clavo inunda el lugar. El camino parece no tener fín, la oscuridad es cada vez más densa, no se donde estoy, pero siento que debo seguir caminando, algo me espera, algo asombroso y maravilloso, algo que espero. Entonces vislumbro una presencia, esperándome, apoyada contra un árbol. A medida que me acerco, la melodia se hace más intensa, me siento débil pero deseosa, y cuando estoy a unos pocos metros de esa sombra, mi cuerpo se sacude y mi corazón vuelve a latir con tanta fuerza que siento que no puedo respirar. Una presencia viril y maravillosa se acerca a mí, intento mirar su rostro, pero no consigo poder verlo, aun así, sé como es. Pronuncia mi nombre, y cuando lo hace, un escalofrio eriza mi piel, ¿quien eres dios mio, quien eres?. Poco a poco su rostro va tomando forma, su piel es márchita y cuarteada, su boca se ensancha y me muestra una sonrisa blanca y ladina, y de pronto... sus pupilas se tornan de azul marino, los ojos que busqué. Quiero lanzarme entre sus brazos, quiero morir con él, mis dedos tocan cada parte de su rostro, hasta llegar a su torso, rompo su camisa descosida, un agujero vacío y pútrido yace sobre la parte derecha de su pecho, no tiene corazón, y sin embargo cuando toco aquel vacío, la herida sangra sobre mis dedos, como si aun pudiera sentir el dolor, el arranque. Su mirada es pacifica y esos ojos vítreos recorren mi rostro en cuestion de segundos, su mano, huesuda, fragil y hermosa, acarician mis labios. Es él, mi vida está atada a la suya, mi alma le pertenece. Todo pasa muy rápido, me voltea, me atrapa y clava sus dientes en mi fino y suave cuello, se me escapa una sonrisa, esto era lo que yo necesitaba, este era mi destino, morir en brazos de una criatura hermosa, envuelto en esa palidez eterna, y yo ahora seré otra alma muerta, una rosa cuyos pétalos se han rendido, secado. Un insoportable dolor agudo recorre todas las venas de mi cuerpo, arde mi garganta, apenas puedo gritar, me paralizo, vuelvo, me quedo estática, unas imagenes distorsionadas de mi pasado, vienen, se van, desaparecen, y de pronto me desplomo, muerta, fragil, indefensa. Ahora cabalgo con él hacia el infinito, hacia la inmortalidad, ahora saborearé la sangre del enemigo, y seré esclava de este hombre sin alma, sin corazón, pero ambos seremos dos criaturas perfectas, perversas, compartiendo la sed, uniendo nuestros colmillos, siendo uno solo.

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