domingo, 19 de septiembre de 2010

El sacristán

Mi nombre es Juan y soy sacristán del pueblo donde vivo. Tengo cincuenta años y mi vida empieza a deteriorarse, he vivido para esta iglesia, he cumplido todas las tareas que se me han otorgado a lo largo de los años. He señalado el hoyo de los difuntos, he soñado incluso con ellos en las frías noches de invierno. Mis manos han acariciado infinitas veces las campanas de la iglesia, he resucitado el día y he enterrado la noche con aquel sonido catedrático. Conozco cada rincón y escultura, he limpiado cada domingo aquellas malgastadas y sucias escaleras, estos suelos de mármol, cada pieza delicada. He visto miles de rostros, los he bendecido con las palabras de jesús, he bebido el delicioso sabor del vino, he enseñado a jovenes llevar este oficio, he crecido aquí y mi vida acabará tarde o temprano en este antro que ha sido más que mi propio hogar.

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