martes, 28 de diciembre de 2010


De nuevo sin tí, otra vez de vuelta, pidiéndole al cielo que por favor me trajese de vuelta de nuevo. Subí a ese avión como tantas veces, aquel enorme pájaro que me aleja de tí, que no me deja bajar para quedarme a tu lado. Mientras caminaba con maleta en mano y el corazón en la garganta, me preguntaba si deberia irme, si quizás no seria demasiado tarde, te veia allí, mirándome mientras me alejaba, pero no queria llorar delante de tí, no, tú no merecias verme triste, tú mereces verme con la esperanza dibujada en los labios, con la espera dentro de mí. Te hablaba por dentro, te pedia, suplicaba que no me dejases marchar, que cogieses con fuerza mi mano, "por favor no me dejes marchar", pero lo hize. De camino al avión agarraba furiosa la maleta, no queria irme, dios, que difícil es decirte adiós, por un instante, quise huir, correr, dejarlo todo, simplemente asi de fácil, dejarlo todo para estar contigo. Apenas parecia sentir las piernas cuando subí a la plataforma y dentro, sentarme en mi asiento designado. Acariciaba Barcelona con la mirada, como si el alma se me fuera a través de la pequeña ventanilla, el cielo aun le daba las buenas noches, ya no la veia de dia, ya tendria que esperar de nuevo para verla con claridad. Con un libro en las manos y el corazón en el suelo, el avión inició el vuelo y me alejó de ti, solo una lágrima robé, ya no me quedaban dentro, ya las eché todas el dia anterior, estaba vacía, como siempre. Un tímido amanecer me dió los buenos dias, pero para mí no lo eran, yo solo queria regresar contigo, mientras intentaba concentrarme en la historia que cernia el libro, recordaba todos los momentos que pasamos juntos en esos pocos dias que el tiempo me concebió, tiempo que no fué lo suficiente tras meses en tu ausencia. Recordé el temblor que emanaba todo mi cuerpo cuando bajé del avión y acudí a tu encuentro, con el corazón martilleandome dentro, queriendo salir para abrazar el tuyo, y te ví escondido entre la multitud, viniendo hacia mí, entonces me sentia feliz, como si todo yo flotase en el aire, como si nada me importara estando allí, abrazandote. Y entonces vino nuestra pasión, nuestras ganas de sentirnos, los besos que dejamos olvidados en septiembre, el cálido contacto entre las sábanas cuando conciliamos el sueño, tu perfume, tu esencia. Los dias que te ibas a trabajar, y yo esperandote ilusionada, deseando que el reloj corriese, para verte de nuevo, y de nuevo tu y yo, de noche, de dia. Odio como corre el tiempo cuando estoy a tu lado y lo lento que es cuando estoy sin tí, odio como me siento cuando sé que la hora llega, que queda poco para llorar de nuevo y que tendré que esperar meses para ver tu rostro de nuevo, para besar tus labios, para oler el perfume que desprende tu pelo, tu cuello, para cogerte de la mano. Abrí los ojos y estaba en el avión aún, cerraba los ojos por si todo era un sueño, teniendo la esperanza de que aún era de noche, de que aun me quedaban horas para despedirme, pero ya no me quedaban tan solo horas, ahora me quedaba un tiempo indefinido, semanas. Ya no veia a Barcelona en la ventana, ni el mar, ya se quedó atrás, y mientras sentia que el dolor crecia dentro de mí, el avión anunciaba la llegada de Granada, otra vez en estas tierras, de nuevo aquí, como si esa semana contigo no hubiese ocurrido. Pensando cuantas noches quedarán para vivirlas sola, sin el roce de tu pierna a mi lado o tu respiración en mi cuello, queria llorar, gritar, tener un hombro por el que apoyarme para compartir el dolor que sentia en ese momento, odio como ese vacío se hace insoportable. Como la canción de Francisco, me preguntaba adonde iria yo sin tí, adonde tendria unos labios que besar, y una mano que agarrar, una mirada que compartir. Mi corazón se quedó alli, contigo, y esperaré a que me lo devuelvas cuando nos veamos de nuevo, mientras tanto seguiré aqui, entre tristeza y rutina, contando los dias para verte.






viernes, 24 de diciembre de 2010

Una nueva vida sin tí.


Hoy he vuelto a pasar por donde solias hacerlo, te he echado de menos. El autobús ha esperado tu compañia, pero no has subido en él. Me cruzo con miles de rostros que no significan nada para mí, intento buscarte en ellos. Vuelvo a casa, ningún mensaje en el contestador, extraño tu voz, echo tanta falta en todo lo que hacias para que me hiciese feliz, si supieras lo mucho que significabas en mi vida, quizás... no te hubieras ido. ¡ Que pequeña me sentia en esta ciudad!, que curioso que me encontrarás perdida entre recuerdos y búsqueda, que fácil se me hacia hablarte, regocijarme en cada detalle que me dedicabas. Aquel lugar que dejaste ya no es el mismo, el cielo viste de luto, las palabras se las llevó el viento, tu casa parece tan solo un simple edificio vestido de ladrillo, ya no me parece un lugar mágico para encontrarte, simplemente porque en verdad te fuiste y mi corazón parece no entenderlo aun, escucho aquella canción que solia dedicarte, aquella melodia que resonaba casualmente en la habitación cuando nuestro encuentro era proclamado. Visito cada dia el lugar en el que solias atender tus flores, ya no existen, ni un atisbo de que estuviste ahí, rodeado de fragancias silvestres, el viento no me trae tu esencia, desvaneciste y quedé flotando en la nada, en el vano intento de hallar algo que no encontraré. Hoy te diré adiós, hoy, mi corazón intentará atarse de nuevo en mí, y lo haré crecer de nuevo, intentaré ser mejor mujer y abandonar en el vacío la huella que dejaste clavada en una gran parte de mi corazón. Diré adiós a tus cartas, a tu sonrisa que aun mantengo impresa en aquella estampa de nuestro pasado, y le diré al viento lo que tu recuerdo significó para mí, mandaré el último mensaje a la próxima nube que empape tu rostro, y te mandaré un último beso a través de este mar que acaricia mi piel, años que no sirvieron para nada, dedicandolos a alguien que sabia que no iba a volver. Alzo el rostro, el papel donde tiene tu letra cosida, vuela de entre mis manos y se acuna en el agua, allí se quedará para siempre, llevandose consigo lo mucho que te amé.

domingo, 21 de noviembre de 2010

La triste mirada del elefante.


"Abrí el armario y me encontré con la triste mirada del elefante", aun recuerdo esa frase como si la tuviera clavada en el alma, esa frase que utilizábamos nosotros para regocijarnos y entendernos, como aventureros que éramos. El tiempo atrás, la vista hacia adelante, yo en este lugar, rememorando el río Gualdaquivir, la preciosa mezquita, la Plaza Tendillas, donde solíamos sentarnos para hablar o gritarle al mundo como nos sentíamos. Tengo dos cartas de Yolanda, y una de Jonathan, Ataviada con mi largo abrigo negro me siento en donde antes lo hacíamos todos, dejándonos deleitar por esas columnas de piedra y olor a leyenda. He decidido regresar para leerlas, para sentirlos aquí conmigo, como si el tiempo no hubiera transcurrido. Abro la primera carta, apenas casi distingo la letra de Yolanda, la lluvia y los años han arrugado y ensuciado el papel.

Hola Estefanía:
Ha pasado ya... ¿cuanto, tres años?, dios, si, tres años, ¿te lo puedes creer?, ayer vi a los demás, Sergio aprobó la carrera de enfermería, ya mismo lo veremos entre agujas y sueros, con ese uniforme blanco que ambas nos hemos imaginado muchas veces. A Maria se la han llevado muy lejos, y parece mentira que Córdoba siga igual sin ella, para mi, esta ciudad ya no me parece ciudad. Carlos... bueno, la verdad es que sigue siendo el loquillo de los chistes, sigue contándolos, fingiendo estar bien cuando no lo está. Y nuestro Jonathan... bueno, él no te olvida, y nunca lo hará, desde que te fuiste le cuesta sonreír, es normal, a todos se nos ha olvidado hacerlo, sigue persistiendo en que algún día volveremos todos juntos, como en los viejos tiempos. Ayer cumplí los 18, y pensar que esa edad se nos hacia lejana...., yo estoy bien, he iniciado una nueva relación con un chico, es marroquí, sé que me regañarías, y tendrías razón, pero tal como dicen, cuando te enamoras de alguien lo haces y punto, no te importa lo que piensen o ocurra. Bueno amiga, me despido con un fuerte beso, pronto tendrás noticias mías y espero que tuyas.
Te quiere, Yolanda.

Suspiro, cierro la carta, un olor a chocolate caliente invade este espacio, el cielo esta teñido de rojo, el sol ya se quiere ir a dormir, acabo de tener estas noticias, el atardecer puede esperar. Abro el segundo sobre.

Amiga mía:

¿Que ha pasado contigo?, ni siquiera sé si te habrán llegado estas cartas mías, pero decido escribir de igual manera, así se me hace mas fácil, imaginarte leyéndolas me hace más fuerte. Querida amiga, ha pasado un año más, y yo me siento sola a pesar de que estoy rodeada de tanta gente, tengo un hijo, me casé por lo civil hace unos cinco meses, mi Xavier es precioso, ójala pudieras verlo, tiene mis ojos y las facciones de su padre, cuando lo miro no sé que pensar, me da tanto miedo esto, ser madre no es fácil. Tengo muchas cosas que contarte, pero por carta se haría demasiado largo y no quiero aburrirte. A veces me pregunto en como estarás, si eres feliz, si has crecido más de la cuenta, si has llegado a calzar el número 43 de zapato... era tu mayor ilusión, solías decir que te gustaría tener los pies más largos del mundo para calzar los mejores zapatos de todo el planeta. Te echo muchísimo de menos, ójala algún día vuelvas, sé que te fuiste para olvidar, para encontrarte, para buscar algo que llenase ese hueco que decías que se te hacia insoportable, ¿lo habrás encontrado? Espero saber pronto de ti,

Te quiere, tu amiga Yolanda.


Esta última carta hace que el corazón se me encoja, ojalá pudiera abrazarla a través de estas palabras, tenerla aquí conmigo, siendo cómplices de nuestros pensamientos, no quiero llorar, de nada serviría, pero ¿que consigo haciéndome la fuerte?, ahora mis amigos andan en algún lugar, perdidos, disueltos, cada uno con su vida, sin tener siquiera alguna dirección de ellos para mandar mi correspondencia. Añoro la risa de Yolanda y sus manías de lanzarme arriba, siempre tratándome como la heroína del cuento, extraño por igual a Carlos, con su pelo encrespado, intentando ponérselo liso, y sus formas de hacer reír, siempre lo conseguía, Maria y sus ojos de caramelo, las frases improvistas que decía para que se disiparan mis dudas, sus abrazos, su mirada, sus ganas locas de volar alto. Sergio disfrazándose de médico y siendo nuestro salvador de enfermedades y resfriados, Y Jonathan, nuestro Jonathan, el que no quería perder nuestra esencia, el que se aferraba en nuestros brazos cuando Carmen le decía un no y lo mandaba a tomar paseo, el que calentaba mi corazón con poemas y versos. La última carta espera en mi bolsillo, decido abrirla, quizá así les pueda decir adiós.


Mi querida y lejana Stephany:

Al final habéis volado, cada uno a un puerto diferente, pero yo sigo aquí, esperándoos, teniendo la esperanza de veros de nuevo, de pasear por estas calles que ahora ya ni siquiera me motivan. Hay silencio, me da miedo que haya tanto silencio, ¿pero sabes de donde procede? de mi mismo. El médico dice que padezco anorexia, aprendí a dejar de comer, no me preguntes el porqué, simplemente ya no me quedaban las fuerzas necesarias para alimentarme a mi mismo, seguramente te sorprenderás, esto de ser tan sensible no es nada bueno, me enamoré de Carmen, mira que Carlos me lo decía, " no te enamores de esa lagarta, que lo único que esa hará, es que busques la muerte", y que razón tenia, empezó a decirme que estaba gordo, ella, que le encantaba como se me quedaban los pantalones. Después dejó de besarme, y después me dejó tirado, con una rosa en la mano, con una última gota de su perfume en mi cuello. Ella me buscó la muerte Stephany, lo peor es que estoy solo en este mundo, os tenía a vosotros, pero crecimos, dejamos de ser Peter pan y los niños perdidos, y nos convertimos en adolescentes precavidos, luchando por sueños y metas, por la libertad. No tuve alas suficientes, tenia los pies clavados aquí y mira lo que ha pasado, al final seguiré amarrado a esta ciudad de leyenda. El día que leas esto, no sé si estaré, pero quiero que me mantengas vivo en nuestro parque, en la esquina del instituto, esperando a Maria con carpeta en mano. El día que regreses, recuérdanos, al fin y al cabo nuestras sombras siguen ahí, en Córdoba, espero que estés bien y mantengas aun esa sonrisa tuya y esas ganas de vivir, un fuerte abrazo.

Jonathan.

La primera lágrima cae en el papel bañando las palabras, aun me viene el eco de nuestras voces gritando: " abrí el armario y me encontré con la triste mirada del elefante", después reíamos, tirados en el suelo, apretándonos la barriga por miedo a que se nos partiese en dos. Tan pequeños, inmunes al futuro, esclavos de la juventud. Nuestro triste elefante imaginario, surgido de la idea de crear una frase disparatada, Maria la inventó. Un soplo de aire acuna mi cabello, empieza a hacer frío, se oyen ruidos que hacia tiempo que no oía, los chirridos de las persianas al cerrarse algún local, los niños jugando, los ancianos hablando en voz queda, la ambulancia a lo lejos, el creciente tráfico a estas horas de la tarde..., que olvidada tenia Córdoba, aun recuerdo el primer beso de Juan, el besucón, en la calleja de las flores, los días de lluvia sentada en mi balcón mientras oía como mi madre tocaba el piano, el sol saliendo de entre las montañas, coloreando el campanario de la mezquita, los largos paseos por el Gualdaquivir, imaginándonos ser el agua que fluía para llevarnos a alguna parte. Guardo las cartas en el bolsillo, aun no quiero marcharme, el último tren saldrá dentro de treinta minutos, ójala no me sintiera de esta manera cuando debo arrastrarme a lo que ahora es mi hogar, Madrid no me será acogedora como esta ciudad que tanto quise hace años. Quizá no debería haber elegido la soledad como compañera, era tan solo una paloma que quería alzar el vuelo. Aprovechando los últimos minutos, espero sentada, rememorando todos esos recuerdos que no han muerto, las risas, los juegos, las ganas de vivir, nuestro escondite para observar, nuestras manos unidas, corriendo como si fuéramos viento, haciendo de Córdoba nuestro país de nunca jamás, unidos hasta el fin de los tiempos, y gritando:
"Abrí el armario y me encontré con la triste mirada del elefante". A lo lejos veo un numerado grupo de Jóvenes compartiendo risas y palabras, una sonrisa se dibuja en mis labios, algún día los volveré a ver, en alguna parte, en algún lugar, cierro los ojos, dejo que el sol duerma, inspiro la esencia de mi Córdoba, quizá decida volver.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Dias contados

Tengo dos días de temor y búsqueda, dos días para emprender el viaje que me llevará a él, dos días para saber si verdaderamente el camino estaba completo o si merecía la pena seguir caminando. Tengo el corazón muerto, la voz cosida en el alma y un cuerpo frágil, abatido. Hace tiempo que Samuel se marchó de la ciudad, y con él, los tiempos robados, estática la cuerda del reloj. Subió en ese tren, y desapareció envuelto en bruma y niebla, tallada mantengo su voz en mi mente, rogándome que no lo olvidara, que lo buscara cuando fuese el momento. Me quedó el fuerte sonido del tren, alejándose, llevando consigo mi vida, lo que me quedaba en este mundo, él. Me dejó su último beso, la promesa fugaz en aquel rellano de nuestra mutua escalera, y su fotografía, la que ahora mantengo entre mis manos, como si fuese mi más preciado tesoro, la prueba de que él me quería de verdad.

- Lo vuestro no puede ser- cuantas veces he oído esas palabras en bocas de lobos, pero ya no me importa, en esta fría mañana de agosto, me dirijo a aquel viejo árbol donde nuestras iniciales están inscritas, toco la rasposa inscripción, la angustia y la nostalgia invaden mi corazón, este árbol es testigo de aquel nuestro primer beso voraz, aquel funesto llanto en las despedidas y esas promesas tácitas de nuestra lucha constante y prohibida. Hoy cogeré todas mis pertenencias, y partiré hacia algún lugar, en busca de Samuel y de la verdad que quiero encontrar, con la esperanza en la mano y con mis labios envueltos en secretos.

martes, 9 de noviembre de 2010

A Drácula

He escrito este breve poema en dedicatoria a Drácula, una historia especial y peculiar, una de las mejores historias de amor y terror, a ti drácula, que hiciste temblar este mundo de odio y delirio.

Esta es nuestra verdad,
el secreto que guardaba mi alma,
el secreto que escondia tus labios,
mi existencia llegó a su fin cuando te encontré.

Fué el sonido de tus palabras lo que me llevó a ti.

Aún sigo sintiendo el corazón latir en mi pecho,
percibo en el aire tu aroma,
el frio de tu aliento escapandose de tus labios en mi cuello,
tus dedos atenazando mi piel,
muriendo en tus brazos,
si, estoy extinguiéndome poco a poco.
La ventana de mi habitación sigue abierta por si decides velar mi sueño,
a veces creo distinguir las manchas carmesí de tus pupilas acechando en la oscuridad,
aún después de todo, te seguiré amando,
dejando que tu recuerdo quedé sellado en mi alma.

¿ Qué te hizo morir?
oh vida mia, ¿ que te hizo hacerlo?.

domingo, 3 de octubre de 2010

Huida


Ha caído la noche, el viento azota las ventanas de mi habitación, las ramas del ciprés golpean el cristal, como si estuvieran llamándome. El vestido blanco de raso que habia estado tanto tiempo guardado en mi armario por fin viste mi cuerpo, enamorándose de mis curvas. Odio como esta habitación lúgbre da vueltas y vueltas, no quiero estar aquí, no quiero bajar las escaleras y encontrarme con toda aquella gente extraña, vestida elegantemente. La puerta chirria cuando la abro, dispuesta a enfrentarme al nuevo mundo que me espera. La humedad viste las paredes, los escalones gruesos y deformes parecen hundirse bajo mis pies. No puedo respirar, no puedo apenas digerir cualquier pensamiento o plan de huída, y sin embargo allí están todos, con sonrisas burlonas, con miradas desdeñosas, con esa pizca de envidia. Y él me está esperando con esa pose suya, prepotente, carismático. -Querida- Sir marmalouke besá con respeto mi rosada mejilla, y casí me asquea el sello de su saliva impregnada en mi piel. Aun así intento mantenerme en pie, con la cabeza bien alta, como lo debe estar una mujer de alta sociedad, una mujer como yo tengo que ser. MIro a través de aquellos grandes ventanales, el crepusculo parece estar muriendo, y se escapa de entre las ramas. Solia sentarme en aquel árbol, escribiendo sentada, dejando que sus raices como garras, enredaran mis pies, me sentia segura allí, sintiéndome de su propiedad. Cuando miro el rostro de Sir marmalouke no sé lo que siento hacia este hombre de grandes prejuicios, barba prominente y ojos pardos, sus manos, grandes y posesivas agarran mi cintura, dejándome llevar por su ritmo, bailando, intentando ser una sola persona. De pronto, entre la multitud, veo unos preciosos ojos azul marino observarme con atención, y en ese preciso momento, el ritmo de mi corazón cambia, se vuelve furioso, indomable. Luego de pronto, se desvanece como el aire. Quiero gritar, intentar buscarlo, pero de nuevo aquellas fuertes manos que tanto me incomodan aprietan mas fuerte mi cintura, haciendome casi insignificante. La boca de Sir marmalouke se ensancha en una estúpida y maliciosa sonrisa, una mueca cruel. Mi mundo parece incontrolarse, cambia, se vuelve de gris a negro, me da miedo esta sensación, yo no deberia estar aquí. De pronto, una fuerza sobrenatural emerge de todo mi cuerpo, aparto las asquerosas manos de Sir marmalouke de mi cintura y le escupo en la cara. - No quiero ser tuya, nunca, jamás- le grito, no me importa las perplejas miradas que nos observan, ni tampoco el alboroto. Sir marmalouke no sonrie, ahora unas llamaradas de fuego asoman sobre sus pupilas. - Tú serás mia, quieras o no- me empuja hacia él, besa mi cuello, mi boca, manosea mis pechos y yo no doy credito a lo que está ocurriendo, forcejeo contra el, gritando.Cuando por fin consigo librarme de él, y salir corriendo de este castillo que ha sido mi prisión, me deslizo hacia el denso bosque. No me importa que esté oscuro, solo quiero volar, ser libre, alzo la mano hacia arriba, ójala pudiera tocar el cielo. A pesar de que las ramas rasgan mi vestido dejándolo casi como un harapo, y de que mi cabello sea ahora un revoltijo de onduladas hebras, corro sin cansarme, convirtiéndome en aire. La luna colorea mi estampa, unas pequeñas alas revolotean sobre mi cabeza , sé que es un murciélago, demonio que ha resucitado en la noche, dispuesto tal vez, a devorarme. A lo lejos se oye una melodia, la reconozco al instante, perteneció a mis manos cuando toqué el piano la primera vez, la inspiración que aparecia en mis sueños. Hace frío, abrigo mis brazos con las manos, la senda que pisa mis pies se convierte casi en una alfombra vestida de flores, un olor a clavo inunda el lugar. El camino parece no tener fín, la oscuridad es cada vez más densa, no se donde estoy, Ha caído la noche, el viento azota las ventanas de mi habitación, las ramas del ciprés golpean el cristal, como si estuvieran llamándome. El vestido blanco de raso que habia estado tanto tiempo guardado en mi armario por fin viste mi cuerpo, enamorándose de mis curvas. Odio en como esta habitación lugubre da vueltas y vueltas, no quiero estar aquí, no quiero bajar las escaleras y encontrarme con toda aquella gente extraña, vestida elegantemente. La puerta chirria cuando la abro, dispuesta a enfrentarme al nuevo mundo que me espera. La humedad viste las paredes, los escalones gruesos y deformes parecen hundirse bajo mis pies. No puedo respirar, no puedo apenas digerir cualquier pensamiento o plan de huída, y sin embargo allí están todos, con sonrisas burlonas, con miradas desdeñosas, con esa pizca de envidia. Y él me está esperando con esa pose suya, prepotente, carismático. -Querida- Sir marmalouke besá con respeto mi rosada mejilla, y casí me asquea el sello de su saliva impregnada en mi piel. Aun así intento mantenerme en pie, con la cabeza bien alta, como lo debe estar una mujer de alta sociedad, una mujer como yo tengo que ser. MIro a través de aquellos grandes ventanales, el crepusculo parece estar muriendo, y se escapa de entre las ramas. Solia sentarme en aquel árbol, escribiendo sentada, dejando que sus raices como garras, enredaran mis pies, me sentia segura allí, sintiéndome de su propiedad. Cuando miro el rostro de Sir marmalouke no sé lo que siento hacia este hombre de grandes prejuicios, barba prominente y ojos pardos, sus manos, grandes y posesivas agarran mi cintura, dejándome llevar por su ritmo, bailando, intentando ser una sola persona. De pronto, entre la multitud, veo unos preciosos ojos azul marino observarme con atención, y en ese preciso momento, el ritmo de mi corazón cambia, se vuelve furioso, indomable. Luego de pronto, se desvanece como el aire. Quiero gritar, intentar buscarlo, pero de nuevo aquellas fuertes manos que tanto me incomodan aprietan mas fuerte mi cintura, haciendome casi insignificante. La boca de Sir marmalouke se ensancha en una estúpida y maliciosa sonrisa, una mueca cruel. Mi mundo parece incontrolarse, cambia, se vuelve de gris a negro, me da miedo esta sensación, yo no deberia estar aquí. De pronto, una fuerza sobrenatural emerge de todo mi cuerpo, aparto las asquerosas manos de Sir marmalouke de mi cintura y le escupo en la cara. - No quiero ser tuya, nunca, jamás- le grito, no me importa las perplejas miradas que nos observan, ni tampoco el alboroto. Sir marmalouke no sonrie, ahora unas llamaradas de fuego asoman sobre sus pupilas. - Tú serás mia, quieras o no- me empuja hacia él, besa mi cuello, mi boca, manosea mis pechos y yo no doy credito a lo que está ocurriendo, forcejeo contra el, gritando.Cuando por fin consigo librarme de él, y salir corriendo de este castillo que ha sido mi prisión, me deslizo hacia el denso bosque. No me importa que esté oscuro, solo quiero volar, ser libre, alzo la mano hacia arriba, ójala pudiera tocar el cielo. A pesar de que las ramas rasgan mi vestido dejándolo casi como un harapo, y de que mi cabello sea ahora un revoltijo de onduladas hebras, corro sin cansarme, convirtiéndome en aire. La luna colorea mi estampa, unas pequeñas alas revolotean sobre mi cabeza , sé que es un murciélago, demonio que ha resucitado en la noche, dispuesto tal vez, a devorarme. A lo lejos se oye una melodia, la reconozco al instante, perteneció a mis manos cuando toqué el piano la primera vez, la inspiración que aparecia en mis sueños. Hace frío, abrigo mis brazos con las manos, la senda que pisa mis pies se convierte casi en una alfombra vestida de flores, un olor a clavo inunda el lugar. El camino parece no tener fín, la oscuridad es cada vez más densa, no se donde estoy, pero siento que debo seguir caminando, algo me espera, algo asombroso y maravilloso, algo que espero. Entonces vislumbro una presencia, esperándome, apoyada contra un árbol. A medida que me acerco, la melodia se hace más intensa, me siento débil pero deseosa, y cuando estoy a unos pocos metros de esa sombra, mi cuerpo se sacude y mi corazón vuelve a latir con tanta fuerza que siento que no puedo respirar. Una presencia viril y maravillosa se acerca a mí, intento mirar su rostro, pero no consigo poder verlo, aun así, sé como es. Pronuncia mi nombre, y cuando lo hace, un escalofrio eriza mi piel, ¿quien eres dios mio, quien eres?. Poco a poco su rostro va tomando forma, su piel es márchita y cuarteada, su boca se ensancha y me muestra una sonrisa blanca y ladina, y de pronto... sus pupilas se tornan de azul marino, los ojos que busqué. Quiero lanzarme entre sus brazos, quiero morir con él, mis dedos tocan cada parte de su rostro, hasta llegar a su torso, rompo su camisa descosida, un agujero vacío y pútrido yace sobre la parte derecha de su pecho, no tiene corazón, y sin embargo cuando toco aquel vacío, la herida sangra sobre mis dedos, como si aun pudiera sentir el dolor, el arranque. Su mirada es pacifica y esos ojos vítreos recorren mi rostro en cuestion de segundos, su mano, huesuda, fragil y hermosa, acarician mis labios. Es él, mi vida está atada a la suya, mi alma le pertenece. Todo pasa muy rápido, me voltea, me atrapa y clava sus dientes en mi fino y suave cuello, se me escapa una sonrisa, esto era lo que yo necesitaba, este era mi destino, morir en brazos de una criatura hermosa, envuelto en esa palidez eterna, y yo ahora seré otra alma muerta, una rosa cuyos pétalos se han rendido, secado. Un insoportable dolor agudo recorre todas las venas de mi cuerpo, arde mi garganta, apenas puedo gritar, me paralizo, vuelvo, me quedo estática, unas imagenes distorsionadas de mi pasado, vienen, se van, desaparecen, y de pronto me desplomo, muerta, fragil, indefensa. Ahora cabalgo con él hacia el infinito, hacia la inmortalidad, ahora saborearé la sangre del enemigo, y seré esclava de este hombre sin alma, sin corazón, pero ambos seremos dos criaturas perfectas, perversas, compartiendo la sed, uniendo nuestros colmillos, siendo uno solo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

cometa en el cielo

Parece mentira lo rápido que ha pasado el tiempo, ahora rodeada entre montañas, entumecida por la fresca brisa del verano, siento algo realmente asombroso, difícil de explicar. Da miedo, estoy convirtiéndome en una gran mujer, tal como papá podría decirme ahora mismo. El mundo es tan grande… ¿que soy yo bajo esta capa de ozono?, la luna colorea mis pupilas, y le da un tono níveo a mi piel.

- Dile adiós a la luna- solía decirme la voz de mi padre cada noche, cuando el sol decidía irse a dormir, juntos gritábamos- ¡buenas noches luna!.

Me gustaba cuando al llegar a la última silaba de la palabra luna, la voz de mi padre parecía derretirse y convertirse en un dulce caramelo. Si el pudiera verme ahora, si tan solo pudiera volver a mirar su rostro una y otra vez hasta fotocopiarlo dentro de mi cabeza..., seguramente si me estuviese mirando en algún lugar del mundo, para el seguiré siendo aun aquella ingenua y cándida chiquilla, esa mocosa que se metía el dedo en la boca o la que le gritaba como una consentida una pirueta. Recuerdo como me solía alzar entre sus brazos y juntos dábamos vueltas y más vueltas, convirtiendo el paisaje que nos rodeaba, en un tiovivo. Me gustaba su asimétrico rostro, y en como las cejas se le subían en forma de arco, en como movía la boca de un lado a otro cuando se ponía a pensar. Juntos, en la playa, él me sentaba en la arena y construíamos castillos con dragones y mazmorras, me llenaba las mejillas de besos de arena y me dejaba enterrar su cuerpo entre mareas, cubos y palas.

- ¡Cometas!, hoy verás cometas- me dijo un día, cuando mis ojos empezaron a probar las lágrimas de la tristeza.

Compramos juntos una bonita y multicolor cometa, intentamos alzar su vuelo pero siempre caía, débil, triste. Imaginaba volar con ella, tocar el cielo con las manos, pisar el mar desde arriba. Convertimos esas tardes en rutina, la llamamos " la cometa de nuestros deseos". Siempre hacia que pidiese una petición cada vez que aquel artilugio intentaba volar, libre, como el viento. Le gritaba a mi padre el porqué no podia subir más arriba, y él me decia:

- Una cometa es como un abrigo de sueños, al principio, le cuesta ser libre, soñar, tiene miedo de enfrentarse al cielo, a mirar más allá del horizonte, pero si tu le ayudas a ser constante, aprenderá a subir más allá del infinito.

La cometa siguió teniendo miedo de subir, pero en respecto a mí, dejé que ese abrigo de sueños alcanzasen un mundo nuevo para mí, me dí cuenta de que habia tenido tanto temor hacia lo desconocido que eso me impedia ser feliz, aprendí a soñar gracias a él. Ahora aquella cometa ya no existe, poco a poco, se fue deteriorando hasta que su fina tela no pudo resistir más. Me he convertido en Wendy, y mi padre que siempre fue y será un Peter pan, descansa ahora junto al mar, esparcido sobre el agua, convertido en ceniza, en polvo, en nada. Y sin embargo, yo lo siento vivo en todas partes, en mi alma, en mi corazón, en cada lugar del mundo. Recorro con un suspiro esta playa que ahora ya no tiene vida, este pacifico lugar donde la tomamos como nuestra, donde hizo que mis sueños fuesen cumplidos junto aquella cometa. He decidido comprar otra, casi puedo oír la voz de mi padre, su voz de caramelo. Despliego la cometa, dejo que se escape de entre mis manos y mi boca formula un deseo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Ella lo mató


Ella, que siempre iba radiante y que emitia una de sus mejores sonrisas, la que iba con él a todos sitios y se impregnaba de su sabiduria. Ella, que le comia la boca a besos, y le arrebataba el alma en un segundo, dejando que su cuerpo se fundiese y fuese consumido por las reliquias de una noche de entrega y pasión. Ella, que decia con esa total seguridad que moria por él, que lo haria siempre y que no iba a ser de nadie más. Y hoy él se esfumó con el recuerdo de ese perfume de mujer, sin saber donde, sin alma, sin corazón, sin nada.
ella... lo mató.

El sacristán

Mi nombre es Juan y soy sacristán del pueblo donde vivo. Tengo cincuenta años y mi vida empieza a deteriorarse, he vivido para esta iglesia, he cumplido todas las tareas que se me han otorgado a lo largo de los años. He señalado el hoyo de los difuntos, he soñado incluso con ellos en las frías noches de invierno. Mis manos han acariciado infinitas veces las campanas de la iglesia, he resucitado el día y he enterrado la noche con aquel sonido catedrático. Conozco cada rincón y escultura, he limpiado cada domingo aquellas malgastadas y sucias escaleras, estos suelos de mármol, cada pieza delicada. He visto miles de rostros, los he bendecido con las palabras de jesús, he bebido el delicioso sabor del vino, he enseñado a jovenes llevar este oficio, he crecido aquí y mi vida acabará tarde o temprano en este antro que ha sido más que mi propio hogar.

domingo, 29 de agosto de 2010

Aire y fuego

Una vez más dejo que las lagrimas inunden mis ojos hasta que las gotas caen en mi pecho, cerca del corazón, ya ni siquiera siento esa vivadez de una niña ilusionada ante el mundo. Tu pareces ni siquiera darte cuenta de la pálidez de mi rostro ni de la ausencia de mi sonrisa. Cuando te toco pareces tan frío, ¿adonde fue a parar el calor que transmitias?, ¿ que ha pasado con tus manos?, ya ni siquiera parecen tocarme, ni siquiero parezco notar tu cuerpo invadiendo el mío. Tus labios parecen no entenderse con los míos y echo de menos entrelazar mi lengua con la tuya, jugando, siempre provocando. Tu ausencia invade esta enorme casa, volveré una vez más a estar sola, sin tí, sin nadie a quien desahogar las penas que invanden esta alma que empieza a deteriorarse. ¡Y yo que pensaba envejecer contigo!, que ilusa fuí. Hago las tareas de casa, luego salgo a la calle, la gente sigue su rutina, y yo ni siquiera sé cual es la mía, ¿ esperarte?, ¿ morirme a cada segundo que te noto cerca?, yo soy fuego, tu aire, yo pretendo arder entre tus brazos, tu pretendes volar. ¿ sigues queriéndome o tan solo soy una marioneta a la que puedes manejar?, doy vueltas a mi misma, una y otra vez, hasta cansarme, hasta que mi garganta profana el grito mas alto, hasta que los pies me duelan y no pueda mantenerme en pie. Pero es tan difícil gritar, es tan dificil que me entiendas. El mundo gira a mi alrededor y yo no noto nada, observo como se besan las parejas, en como unen sus manos y en esas estúpidas miradas cursis, y yo sigo sintiéndome tan sola. Es de noche, me he puesto mi mejor vestido, he rizado mi cabello, como a ti te gusta, he pintado mis labios de un rosa claro y he matizado mis mejillas con un poco de color. A pesar de que me siento cansada, de que no tengo fuerzas para reir ni siquiera para llorar, te espero. Oigo el tintineo del reloj que parece burlarse de mí, me pongo en pie, estoy harta de esperarte, de preparar mi cuerpo por si decides besarlo o poseerlo. Cada parte de mi cuerpo tiembla como si hubiese un terremoto bajo mis pies, tiro las cosas al suelo, tus cosas, todas ellas, no quiero verlas, cogo mi mochila, meto todo, me miro en el espejo, hoy seré otra mujer, mañana seré mejor. El autobús espera mis pasos, y cuando me lleva lejos de tí me siento feliz, libre y poderosa. Debí hacer esto mucho antes, y tengo la esperanza de que te des cuenta de lo que has perdido, de lo que has ignorado y de la mujer que tenias frente a tus ojos.

martes, 10 de agosto de 2010

Berenice

Ha vuelto a amanecer, de nuevo, otro día más en el que afrontar las huellas que dejó. Berenice, parece dormir en su cama, pero en realidad se que no lo está, piensa en él, también sufre y eso hace que yo muera cada vez más. Ojalá pudiera abrazarla, pero no quiero fiarme de mi intuición, ¿y si de verdad duerme? ¿O… quizás finge hacerlo? A veces es tan débil que siento que puede romperse entre mis brazos en cualquier momento.

Salgo por un momento a comprar el pan, el día está soleado, parece mentira que el sol salga de entre las nubes, anima los árboles, las calles, y deslumbra a las personas, mientras mi pequeña está triste. No quiero sentirme bien hoy, pero tengo que superarlo, por ella. De paso, le compro un trozo de pastel de chocolate, se que le gusta, vuelvo a casa, me fijo que tiene entre su brazo la foto de él, ha convertido a su padre en un fantasma. ¿Porqué tuvo que dejarnos? ¿Porqué pretendió engañarme con estúpidas palabras sobre viajes por causas del trabajo?, ¡mentiroso!, odio amarlo y odiarlo al mismo tiempo. El pecho de Berenice sube y baja y me reconforta saber que de verdad está dormida. Cierro la puerta de su habitación, me preparo un café, así puedo relajarme un poco. Salgo al balcón, abrigo mis brazos, pero en realidad no siento casi nada, me siento desnuda, mi cuerpo parece flotar como si yo también me hubiese convertido en fantasma. La taza de café calienta mis manos, se han vuelto ásperas y agrietadas, ¿cuanto tiempo hace que estas manos dejaron de ser bonitas?. Mis ojos obligan a mirar aquel retrato en donde está él, a pesar de todo, sigue ahí, sonriéndonos, fingiendo ser el marido perfecto. Lleva entre los brazos a Berenice, que feliz era, que bonita era su boca cuando fruncía los labios como una chiquilla que estuviera casi a punto de llorar, mi corazón se estremece, los ojos de mi pequeña brillaban tanto como el sol brilla ahora, iluminando este pequeño espacio en el que me encuentro. Vacié del armario toda su ropa, la metí con desdén en grandes bolsas de basura, enterré mi sentimiento allí, en una simple bolsa, con lo grande que era mi amor y que pequeño se había convertido de golpe. Le eché sus pertenencias a la cara, quise desterrar de mi mente aquella imagen suya, aunque sabia que no me iba a ser fácil, veintiocho años unidos y entregados no eran años que pudiesen ser olvidados. Recuerdo el rostro de Berenice cuando él cruzó la puerta.

- lo siento pequeña, he de irme.- fueron sus últimas palabras. Le grité que se marchara, y yo cogí a la pequeña y llorona Berenice, la abracé como si el alma se me fuera, lloraba y suplicaba que hiciese que su papá volviera, pero sabía tanto como yo, que eso no iba a ser posible. Ella, que calentaba su cuerpo con el suyo, aroma de mujer, aroma a fresa y a manzana, color carmín tatuado en su camisa, la amante perfecta y exquisita. ¿Como no pude darme cuenta antes?, ¿como no tuve siquiera el valor de abrir los ojos y presenciar que él llevaba los labios casi ahumados?, ¿ porque tuve que hacerme creer que ese perfume pegado a su piel era quizás mío?. Echo de menos la curva de su cadera rozando la mía mientras dormíamos en aquella fría cama, y también el olor de su aliento mientras me susurraba al oído que intentásemos discutir lo menos posible delante de nuestra hija. ¡Maldita sea!, ojalá no me doliese tanto ese vacío que va creciendo cada vez más, la soledad de una mujer abandonada. Tengo ganas de llorar, de vaciar mis ojos hasta que queden secos, quiero gritar hasta que se apague mi voz, pero… Berenice no se merece eso, ella necesita que mi mirada sea pacifica y amorosa. Unos pequeños y rechonchos brazos rodean mi cintura, Berenice huele a colonia y a virutas de lápiz, un mechón de su rubio cabello me hace cosquillas en la mejilla, me volteo y allí está, una obra de arte bien realizada, unos ojitos color chocolate que hacen de espejo, y esa pequeñita mancha de nacimiento que tiene en la comisura de los labios. La abrazo con fuerza, la acuno sobre mi pecho mientras observamos en como las nubes, que parecen algodon, se mueven haciendo formas sobre nuestras cabezas.

domingo, 8 de agosto de 2010


http://www.youtube.com/watch?v=-RudGipNU4g

¿ como seria estar un día entero con alguien que amas y saber que tan solo te queda horas, minutos, segundos?.

miércoles, 28 de julio de 2010

Hoy prepararé tu comida favorita, me he levantado temprano, me he puesto el delantal, pero tu... te has marchado muy pronto, y no he notado en mi mejilla, lo que antes solias hacer, no me has besado. A pesar de que cada día me he acostumbrado a tu ausencia, he obligado a mi cuerpo a que no pesase como plomo. Aun quizás sigo siendo tu mujer ¿no?, aquella que se convirtió en la protagonista de tus historias, aquella que vivia en tus sueños y la hiciste tuya por siempre. El minutero de la cocina marcan las doce de la mañana, en dos horas, estarás aquí. Cojo del frigorifico el pollo que compré ayer, y lo preparo paso a paso, convierto las patatas en rodajas y a pesar de que el cuchillo ha cortado un trozo de piel de mi mano, no me importa, quiero sorprenderte, hoy, mañana, siempre. En la televisión anuncian tormenta, hace dias que llueve y tu cuerpo no ha calentado mi piel en estos frios días de invierno. Me siento sola, apagada, vacía, pero me conformo con tener tu presencia a mi lado, durmiendo conmigo, escuchando el compás de tu respiración. Me he acostumbrado a tus ronquidos, apagan el silencio de esta casa, el silencio de mi llanto. Escucho nuestra canción, que tiempos felices aquellos.

La mañana se hace lenta, pero el tic tac del reloj anuncia por fin, las dos de la tarde, pronto abrirás esa puerta, y me hallarás aqui, esperando para tí. El pollo reposa en un cuenco, las patatas al lado, y una flor adorna la mesa. Me enfrento al espejo, observo mi pálido rostro, mis ojos adormecidos, mi boca reseca. ¿ que fué de aquella chica que tenia las mejillas mas rosadas que todas?, ¿ que fue de aquella chiquilla que tenia los ojos más vivos que nadie?, ¿ que pasó conmigo?, ¿ que es lo que soy ahora?, ¿ acaso puede decirse que me he convertido en tu esclava?.

La puerta chirria, eres tú. El corazón parece querer escapar de mi pecho, parece mentira que aun tenga tanta fuerza para latir, parece increible que seas tú el que hace que mi cuerpo vuele a cada segundo. Miras la mesa, y luego me miras, estamos a poca distancia, pero tú... pareces tan lejano. Encorvas tu boca, me dedicas una sonrisa, disfruto viendo como asoman tus blancos dientes. Echo de menos besar esa boca.

- ¿ Qué es todo esto?- me preguntas y yo solo me limito a asentir.

"lo he hecho para ti, ¿ te gusta cariño?".

Me siento a tu lado, te sirvo la comida, observo como masticas e ingieres lo que mis manos han hecho para ti. Tu canoso cabello parece brillar cuando el sol se filtra por la ventana, echo de menos acariciar ese cabello. Me vuelves a mirar, no sabemos que hablar, te pregunto en como te ha ido el dia, solo dices que bien, ¿ que ha pasado entre nosotros? ¿adonde ha ido a parar esas conversaciones que duraban horas, sin importarnos la hora que fuera?. Suspiro, bajas la mirada, estoy aqui, ¿ no te importa?. Te levantas de la mesa, te acercas a mí mientras mi boca no puede articular palabra alguna, ni tan siquiera mis piernas parecen reaccionar.

- gracias- y besas mi mejilla mientras tu mano acaricia mi pelo. ¿ estoy soñando?. Vuelves a sentarte y me quedo estática, pensando, simplemente razonando. ¿ y si... aún no es demasiado tarde?. Me pongo en pie, sin que tus ojos aparten los pocos restos que quedan en el plato. Nuestra canción resuena en la estancia, me acerco a ti, te pones en pie, puedo sentir casi la cálidez de tu cuerpo.

"bésame".

Bailamos juntos pero sigo notándote tan lejos, ¿ será culpa mia?, me desprendo el vestido, dejo que serpentee en todo mi cuerpo hasta que queda tendido a mis pies, quiero ser tuya, quiero volver a sentirte. Recorres con tu mirada mi cuerpo desnudo, me alzas entre tus brazos y me depositas en la cama. Como si fuera la primera vez, te desvisto y cada centimetro de tu piel es un reto para mí. Tomas mis pechos entre tus manos, y pasas tu lengua sobre mi aureola, gimo sin poderme contener. Tatuas todo mi cuerpo con el dulce paladar de tus besos, nuestros cuerpos parecen entenderse, como siempre lo han hecho, nos dominan, se pulen. Hacemos el amor espontáneamente, embriagándonos con nuestros alientos, moviéndonos a un solo compás. Nuestros ojos se clavan, no quiero dejar de mirarte, entrelazas tus dedos con los mios, mientras me proclamas palabras lujuriosas. Tu cintura se eleva y luego vuelve a untarse en mis caderas, arañó con suavidad tu espalda mientras tus jadeos van aumentado, la sensacion de tenerte pegado a mis muslos se hace exquisito. Mi piel se eriza mientras tu mano acaricia mi húmedo pubis y luego asciende por mi vientre, un intenso cosquilleo inunda mis sentidos mientras tu te mueves ansiosamente encima de mí, nuestros espasmos se unen y yo comtemplo extasiada como el sudor perla tu frente y en como tu pecho jadea, llegando al climax. Te entierras en mí y yo siento en este preciso momento algo asombrosamente extraño y maravilloso. Aprieto mis piernas rodeando tu cintura, no quiero despegarme de ti, no quiero que te vayas. Caes rendido y yo te acomodo a mi lado, mientras tu rostro descansa en mi pecho, rozo mis labios con los tuyos, ahora ya me encuentro satisfactoriamente feliz, éramos simplemente como dos desconocidos que vivian en la misma casa, pero en este instante, nos hemos convertido en lo que somos, amantes, marido y mujer.

viernes, 23 de julio de 2010

Atada a su piel

Debería olvidarlo todo, coger esa maleta que yace ausente en el rincón de mi habitación y marcharme. Despierto sin su calor, me levanto de la cama Y salgo fuera, a la terraza. Enciendo un cigarro, observo el cielo anaranjado, todos se están divirtiendo abajo, y yo aquí, tan sola. La noche se escapó de entre mis dedos, volví a caer en la trampa, atada a la tela de araña. Me duele el pecho, la cabeza, me duele todo. Las sábanas están arrugadas, la almohada manchada de carmín, de mis besos. Huele a Hugo Boss y a sudor. Su camisa permanece tendida con los brazos abiertos, rompí sus botones, el deseo mordió la carne.

"Mira el cielo, no mires".

A lo lejos se oye una canción.

"HAVEN´T SEEN YOU IN QUITE A WHILE, I WAS DOWN THE HOLD JUST PASSING TIME LAST TIME WE MET WAS A LOW-LIT ROOM, WE WERE AS CLOSE TOGETHER AS A BRIDE AND GROOM"
"¿NO TE DISTE CUENTA EN ESTE TIEMPO QUE ESTABA ESPERANDO, PASANDO EL TIEMPO?, LA ÚLTIMA VEZ QUE NOS VIMOS EN UNA HABITACIÓN POCO ILUMINADA ESTÁBAMOS TAN CERCA COMO UNA NOVIA Y UN NOVIO."

Suspiro, ¡que tonta soy!, clavé mis ojos en esa presencia viril que se hallaba justo enfrente de mí, apoyado en una pared, me fijé en los rizos negros que le caían sobre los ojos, aquellos ojos. Y en esa mirada, ¡maldita mirada! Subí con el la escalinata de platea alta, devorándonos con palabras, amándonos en secreto. Estúpidos flechazos del corazón. Romeo decidió morir y sostenía a su amor entre sus brazos, una Julieta con rostro ceniciento entregada a una falsa muerte, y yo... yo me sentía como ella, y él... era como Romeo. Me recliné en la butaca y le dije "vente". Cogió con fuerza mi mano, no tardamos en llegar a casa, ya no pude escapar, todo sucedió demasiado deprisa. Le entregué mi alma, mi cuerpo, me fundí en su boca, degusté su rosada y gruesa lengua, tentadora, ardiente y musgosa. Mordió delicadamente mis labios con los suyos, y me conquistó con cálidas y aterciopeladas palabras, las susurró en mi oído, acunándome con sensibilidad. Sentí su miembro dentro de mí, duro, caliente, moviéndose lentamente, después frenéticamente mientras mis piernas temblaban sobre sus hombros y yo me arqueé bajo él, gimiendo, aullando de placer. Me dejé engañar por su pasión "Eres mía, y yo seré tuyo", mentiras, nada más que mentiras.

Apago el cigarro, empieza a hacer frío, aunque quizás es que la soledad hace que mi piel se vuelva gélida. Mientras la canción llega casi al final.

"I KISSED YOUR LIPS AND BROKE YOUR HEART YOU"
"BESÉ TUS LABIOS Y ROMPÍ TU CORAZÓN"

Y lo partió en dos, la herida aun sigue yaciente, una quemazón aprieta mi garganta, los restos del último trago de vino aún sigue en mi aliento. Decido ponerme su camiseta que se le quedaba tan bien, ceñida a su torso, recuerdo como la rasgué, sedienta y poseída por ese fuego que invadía cada parte recóndita de mi cuerpo. Decido vestirme, cojo el vestido azul de anoche, me recojo el cabello, perfumo mi cuello con unas pocas gotas de hechizo, hoy olvidaré todo lo que él fue para mí.El teatro representa esta misma noche, el fantasma de la ópera. Las luces se apagan, el telón se levanta y allí esta la chica, cantando, siendo inmune a ese ser misterioso que la acecha en la oscuridad. Noto un escalofrío en mi cuerpo, un soplo de aire recorre mi columna vertebral. Cuando me giro veo su estampa varonil apoyada contra la pared, aguardando, esperándome. ¿Cuando me dejará en paz? De pronto esa sensación de querer desprenderme de él se desvanece, mi cuerpo lo reclama de nuevo, odio el pequeño dolor que atraviesa todos mis sentidos. Quiero beber de su piel, de sus labios, y él sabe perfectamente lo que necesito. Se acerca vacilante a mí, con esos andares seguros, y yo... no puedo controlar el temblor que vacila en mis entrañas y en ese incomodo sudor que se va evaporando entre mis manos. Él se inclina hacia mí y me susurra: salgamos.

Esta noche volveré a ser la esclava de su sensualidad, esta noche me abrumaré con su sabor grotesco a vino. Y dejaré una vez mas que mis labios quede a escasos centímetros de los suyos, tentando a otra noche desprovista de una pasión loca y acelerada.

Encontrandote

Hemos coincidido tras mucho tiempo sin hacerlo,de nuevo, he sentido que eras lo que me movia hacia aquí, estas ahí, sentado, compartiendo miradas conmigo, ¿ estarás sintiendo lo que yo siento?. ¿Cuando llegará ese dia en que tu boca pronunciará mi nombre?, ¿ Cuando será ese dia en que tus ojos sepan mirarme de verdad? ¿ Cuando será el dia en que tus manos acaricien mi cuerpo?. Un espacio de tiempo, tu y yo, con los labios sellados, palabras que aun no han salido, una historia que queda pendiente para ser contada. Te encuentro bien, no has cambiado, dibujo en la ventana de este autobús, un medio corazón, ¿ dibujarás la otra mitad?, si pudiese levantarme para sentarme a tu lado, si te levantases para dirigirme por primera vez un saludo..., ¿ cuando será ese dia en que tu boca pronunciará mi nombre? ¿cuando llegará ese dia en que tus manos acaricien mi cuerpo? ¿cuando tocará tu corazón el mio? ¿cuando será el dia en que me dirás por primera vez un te quiero? Mientras tanto, somos ajenos a este ruido mundanal, el autobús se para, es tu llegada, te bajas, me vuelves a mirar, y yo seguiré aqui aguardando otro reencuentro, otra pregunta que formulará mi mente cuando te encuentres sentado a una escasa distancia de mi.