viernes, 20 de enero de 2017

Relato juevero: De tutores y tutorias







Sólo estábamos la madre de la amiga de mi hija y yo. La clase aún estaba vacía, con ese pequeño desorden que dejan los niños. La pizarra estaba manchada de tiza borrada. Me pregunté que tema habian dado ese dia. Recordé escuchar a mi hija quejarse de lo aburrido que era estar alli. La tutora aún no aparecia. Ambas empezamos a mirarnos nerviosas. No escuchábamos nada, ni siquiera pasos. Pasada media hora decidimos tomar cartas en el asunto y preguntar a alguien si la tutora vendria o no. Salimos de la clase y buscamos. No habia nadie en el pasillo. Era como un colegio fantasma. Hasta que oímos un sonido muy peculiar en una puerta. Ambas nos miramos y asentimos. Cuando abrimos la puerta vimos entre fregonas y cepillos de barrer a la tutora haciéndoselo con el conserje. Ya os imaginaréis la cara que se nos pondría a los cuatro.

jueves, 19 de enero de 2017

Este jueves un relato: ¿Juegas conmigo?













Tenia ocho años cuando conocí a Cloe. Aquel día yo jugaba en mi balcón y su voz despertó mi mundo. Ella estaba a dos balcones del mío. La escuché llamarme con un silbido. Al principio no supe que se dirigia a mi. Cuando nuestros ojos se encontraron supe que yo era la elegida. Recuerdo que esa mañana el cielo tenia destellos rosados. Me preguntó como me llamaba. Dijo que se llamaba Cloe. Quedamos en vernos en nuestra calle. Tenia los ojos bonitos, de color celeste. Las mejillas finas y delicadas y una amplia frente limpia. Su pelo rubio se ondulaba por las puntas. Jugamos al escóndite y soliamos llamar a los timbres de las puertas para después salir corriendo. A Cloe le divertia mucho.

-¿No crees que estamos siendo niñas malas? - le pregunté con la conciencia de no saber si lo que haciamos era lo correcto o no.

-Somos niñas, y a nuestra edad es normal tener travesuras- dijo con los ojos brillantes.


A veces Cloe se refugiaba en su mundo y no me permitia entrar en él. Solia verla sentada en su balcón, con las piernas cruzadas y la mirada cabizbaja. Yo le preguntaba que le pasaba y ella me decia que no tenia ganas de hablar. A veces yo bajaba a la calle y daba cortos paseos, buscando alguna distracción. Un grupo de niños buscaban en un contenedor de basura. Me acerqué a ellos y quise participar pero decian que las niñas no podian entender aquel juego. Enfadada y aislada volvia a casa. Pasaban días hasta que Cloe llamaba a mi puerta. Cuando estábamos juntas éramos como invencibles. Nada me daba miedo. Las horas escapaban a nuestro control.
Me gustaba estar a su lado. Era como la hermana que nunca tuve. Soliamos jugar a la rayuela, al pilla pilla y a juegos de mesa. En ocasiones buscábamos tesoros qué descubrir. Nuestra calle solo tenia balcones y edificios, era una calle pequeña de un barrio pequeño. Pero para nosotras era todo un descubrimiento. Había un pequeño jardín correspondiente a una casa y se nos tenia permitido jugar allí. Nuestro mayor descubrimiento fue una família de gatitos que se encontraban viviendo en un edificio abandonado. Los escuchábamos maullar pero no podíamos entrar. Con el paso del tiempo, dejamos de oírlos.

A Cloe le entristeció mucho. Intentaba animarla, pero volvía a sumergerse en si misma. Una tarde de lluvia ella llamó a mi puerta. Mi madre la invitó a pasar y ambas nos metimos en mi habitación. Estaba más silenciosa que otras veces, lo cual me resultó extraño. Le pregunté que le pasaba y tras un breve silencio dijo que se mudaba. La noticia me golpeó. La lluvia repiqueteaba con furia la ventana. Era como si también ella se sintiera como yo. Cloe cruzó las piernas y bajó la cabeza. Aquella tarde los ojos de Cloe tenian un color más apagado. Apenas distinguí en ella a la niña aventurera y traviesa que conocí. Cloe había madurado.

-¿Pero adónde te marchas?- pregunté sintiendo como el suelo de mi habitación dejaba de existir.

-Mis padres dicen que al Norte- respondió en un susurro.

No volvimos a hablar. Nos quedamos allí sentadas, haciéndonos compañia, asimilando la noticia. Sabíamos que aquello nos separaria.

-Nos mandaremos cartas- dijo con esperanza.

Nos lo prometimos. El dia que Cloe se fue yo bajé a la calle para despedirla. Era la primera vez que veía a sus padres. El maletero de su coche estaba lleno de maletas. Sus padres no decían nada. Cloe estaba sentada en el asiento de atrás. No dejamos de mirarnos. Cuando el coche arrancó, mi corazón también lo hizo. Cloe se despidió de mi sacudiendo con tristeza su mano.

Cada año ambas nos mandábamos cartas, como habíamos prometido. En una de esas cartas solo rezaba una frase: ¿Juegas conmigo?
Sentí el impulso de asomarme en el balcón y allí abajo estaba ella, sonriéndome como el primer día que nos conocimos.



miércoles, 11 de enero de 2017

Sobre el hielo.



















Como voy a empezarme el nuevo libro del autor Anthony Doerr, y como he visto que antes de empezar la historia hay un texto que lo inicia, he decidido compartir con vosotros dicho texto, el cual me ha resultado interesante y reflexivo.




"Tiene que haber una explicación concreta a que, cada vez que empieza a caer nieve, su formación inicial sea siempre la de una pequeña estrella de seis puntas. Porque, si ocurre por azar, ¿Por qué no caen también con cinco ángulos? ¿ O con siete? ¿Quién talló el núcleo, antes de que cayera, hasta formar seis picos de hielo?"


(Sobre el copo de nieve hexagonal, de Johannes Kepler, 1610).





martes, 10 de enero de 2017

El poder de una mirada.

Aquella mañana el cielo estaba cubierto de tristeza. Decidí ir a una cafeteria a la que suelo frecuentar. El local estaba atestado, pero logré un sitio. Un grupo de tres mujeres parloteaban y chismorreaban sobre una conocida. Frente a ellas dos hombres vestidos de traje y hablando de negocios, supuse. Pero lo que llamó mi atención fue una pareja que estaba sentada a escasos metros de mi. Solamente se miraban, cómplices el uno con el otro. Los ojos de ella parecían ocultar secretos. Los de él revelaban algo más. Tal vez deseo, arrepentimiento o admiración. Era difícil saberlo. Una cosa si estaba clara: reflejaban armonía. Jamás había visto tanto amor y silencio en una mirada. No pude evitar observarlos. Ella se relamía los labios. En más de una ocasión se besaban como si fuese la primera vez. Sus besos eran sonoros y dulces, como si estuvieran saboreando un caramelo. A pesar del ruido, ellos parecían lejanos, inmersos en ellos mismos. Él acariciaba la mejilla de ella, y ésta cerraba los ojos.
Bebí a sorbos mi café, saboreando el tiempo, siendo cómplice de aquel momento. El entorno pareció dejar de existir también para mi. Observé sus tazas, estaban vacías. El móvil de ella interrumpió el encanto. No tardó en cogerlo. Su voz era preciosa. La oí decir: Si, lo sé, no es fácil. Quiero que entienda una cosa, déjenos tranquilos. No, él no está.

Y colgó. Después él volvió a acariciar su mejilla y ella volvió al dulce silencio que les pertenecía.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Heridas.



Noto abismo y tristeza en cada palabra que honras a la vida.
Saboreas el último trago de vino que resbaló por mi piel.
No te es necesario decir la verdad, siempre la has sabido. He tomado un sendero distinto no lejos del tuyo. Anoche la luna me hizo llorar de lo hermosa que era.
Pensé en ti y te soñé. Abrí la ventana de mi corazón y dejé que allí dentro se instalase la esperanza de tu llegada. El frío entumece mi libertad. La atrapa.
 Hay heridas que no terminan cicatrizando nunca. Lo sabes de antemano.
Hay heridas que penetran tan dentro que ya es difícil hurgar en ellas.
Hemos caído pero nos hemos alcanzado. Nuestras manos han permanecido fuertes. Han sido devastadas por los mayores peligros y acechos. Hemos derrotado lenguas rotas y cansadas, dispuestas a inventar cualquier excusa. Mis lágrimas ya no rugen en mi rostro.
He aprendido a desafiarme a mi misma. He subido aquellos peldaños que temía subir. Y tú estás arriba, creciendo con mi recuerdo. Tu sonrisa es el eje del mundo. Dejarte nunca.


La bailarina









Una tarde, vi una señora de avanzada edad acompañada por su nieta. Solia verlas a menudo, la nieta cogia un libro de la biblioteca que en planta teniamos y se lo leía a su abuela. Ésta escuchaba con atención, con las manos en su regazo, inerte. Era un momento especial para ellas. No pude evitar sonreír ante la escena. Aquella tarde un señor me preguntó si a las cinco de la tarde programaban la esperada pelicula que estaban esperando todos. Teníamos un cine en la planta baja y a los ancianos solian gustarle acudir. Yo le confirmé que efectivamente la pelicula empezaria a la hora acordada.

-¿Ha visto usted la pelicula?- Me preguntó el señor.

-No.- contesté avergonzada por no ver una de las grandes peliculas de los tiempos y esta era: Cabaret.


El hombre se llevó las manos a la boca, sorprendido ante mi respuesta. Pero no fue el único. La anciana se acercó a mi como si estuviese viendo por primera vez algo increïble. Avancé un poco atrás, porque sentía que ambos iban a devorarme. La nieta irrumpió en una carcajada.


-Prometo verla.- dije a modo de disculpa.


Quizá era una torpeza mia el no haberla visto. Obviamente la pelicula era según las críticas una joya. Un peliculón, una obra maestra. En fin, todos los calificativos que te hacen querer adorarla y verla pase lo que pase. La anciana me miró con sus grandes ojos azules y me instó a que la viese. Se lo prometí. Cuando se acercó al ascensor con la ayuda de su nieta, y cuando las puertas se hubieron cerrado, el anciano me susurró en voz muy baja y mirando a ambas partes asegurándose que nadie estaba alli para ser testigo de lo que iba a decirme lo siguiente:


-Esa mujer es otra joya de este mundo. Fue una de las bailarinas de Cabaret.


No sé cuanto tiempo me quedé allí analizando lo que él acababa de decirme. No pude creerlo. Pensé que al pobre lo habian engañado o que sé yo, quizá se lo estaba inventando.


- Sé que no me crees. Pero mira la pelicula y verás como tengo razón.- Su empeño no tenía limites.


Le pregunté cómo lo sabía. Él dijo que desde el primer día que la vio supo que era ella. Era inconfundible. Nadie se dio cuenta. Ni siquiera ella dijo nada. ¿Por qué iba a hacerlo? Pero él se fijó. Él fue el afortunado. Mantuvo su secreto. Cuando él marchó, fui directa al ordenador y busqué la pelicula. Año 1972. Antigua pero al parecer hermosa y atrapante. Estuve deseando llegar a casa para enfrascarme en la historia y buscar en ella a la señora de ojos azules que adoraba los libros. Cual fue mi sorpresa al descubrir que ciertamente había una bailarina en la pelicula cuyo rostro había estado delante del mío.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Marcha.

Se deja al lado la compañía de quien pensaba que era auténtico.
Cuando dejas pasar tiempo y te das cuenta de quienes merecen estar en tu vida.
No hay palabras que demostrar, ya no vale la pena.
No voy a entrar en el mismo circulo.

Un tren que viene y se va. Asientos que quedan vacíos, y otros se llenan.
Quienes entran y se van. Te dejan experiencias y lecciones.
Fracasos y decepciones. Ya no voy a derrochar lágrimas inservibles.
Ya no voy a dejar que se empape en mí una conciencia que no me corresponde.
Ahora vuelvo a caminar en mi sendero, con los pasos de aquellos que si merecen estar en él.

La vida te da señales. Y yo las he cogido a tiempo.