lunes, 24 de abril de 2017

La belleza de los cuentos.








Hoy quiero hablar de un hermoso libro que he leído despacio, saboreando cada frase. Se trata de cuentos orientales, escrito por la asombrosa Marguerite Yourcenar, la misma autora de Memorias de Adriano. Libro que mereció estar entre la mejor novela histórica de los mejores tiempos. No he leído aún dicha obra, pero pronto lo haré. De lo que voy a escribir hoy es de esos cuentos orientales que me han llenado el corazón de gozo y entusiasmo. Y es que cada cuento tiene un mensaje, una fábula. Me han gustado todos. Todos tienen esa belleza inigualable, una poesía que roza el cielo.



-         Cómo se salvó Wang-FÔ



-         La sonrisa de Marko



-         La leche de la muerte



-         El último amor del principe Genghi



-         El hombre que amó a las Nereidas.



-         Nuestra señora de las Golondrinas



-         La viuda Afrodisia



-         Kali decapitada



-         La muerte de Marko Kralievitch



-         La tristeza de Cornelius Berg



Todos ellos suman este libro. Todos ellos te llevan a parajes hermosos y narran sus peripecias, en breve, en casi un suspiro. Pero de todos ellos es quizás Wang FÔ quien me ha cautivado. Con sus hermosas frases y esa brutal frase del emperador a Wang FÔ que le dice: Me has mentido, Wang-FÔ, viejo impostor: el mundo no es más que un amasijo de manchas confusas, lanzadas al vacío por un pintor insensato, borradas sin cesar por nuestras lágrimas. El reino de Han no es el más hermoso de los reinos y yo no soy el emperador. El único imperio sobre el que vale la pena reinar es aquel donde tú penetras viejo Wang-FÔ.


Y es que Wang- FÔ tenia eso, ese privilegio, ese don, de crear vida a través de sus pinturas. Eran en esos cuadros donde el corazón del viejo Wang reposaba, cauteloso e inundado de belleza.
Otro cuento hermoso es el del principe Genghi, que amado por tantas mujeres y asimismo amándolas a ellas, concubinas de placer y deseo, no ve que solo una de ellas le amó de verdad. Y que esa misma es el que lo acompañó en el final de sus días. Terriblemente hermoso.


Os lo recomiendo, de verdad. Es sin duda de los mejores libros de cuentos que he leído. Es pura vida. Un soplo de aire fresco. Un latido infinito. Cada frase tiene un sabor distinto y es ese sabor el que te atrapa.

jueves, 20 de abril de 2017

Respira.



20, 21, 22… inhala, exhala. Están en la calle. Caminan sin charlar. Esta vez no se han cogido de la mano. Cuarto creciente. Ninguna nube. Nadie apenas en la calle, solo ellos dos. Se escucha el ruido lejano de una moto y el repiqueteo de los tacones de ella en la acera. 23, 24, 25… podría tirarse toda la noche sumando números. Se acuerda de aquella canción de Wicked Games. Blanco y negro. No, no debería haberse enamorado. Pronto llegarán a casa. Ella lleva el bolso casi abierto, el instinto de buscar algo. Las llaves bailan en su bolsillo. Él mira hacía la misma dirección, vigilando al cruzar. Ella desea decirle algo, pero no puede articular ninguna palabra. A él suele durarle el enfado. Últimamente se enfada por cualquier nimiedad. Ya ella se imagina una noche como otra, arropada en soledad y lágrimas sin que él sea testigo de ello.

Ella busca desesperadamente sus dedos, cruzarlos con los de él, para que el mundo vuelva a parecerle seguro. Respira, se dice. Aún te quiero. Abre un poco los labios, lo suficiente para dejar escapar un pequeño ruego. Él la mira. Sabe lo que ha dicho. Ella percibe una sonrisa. Pasan por debajo de cornisas y ventanas llenas de tiestos con cactus y algunas flores secas. La misma calle, día a día. Ella nota una piedrecilla en el zapato. Así es como también nota a su corazón. Duro, áspero, una piedra de titanio. Los años, piensa, los años endurecen a una persona. Le mira de reojo. Su lunar cerca del ojo, el mentón fuerte y arrogante. Aún te quiero, se repite. Es solo una pelea, una estúpida e insignificante pelea. Vuelve a contar hasta diez.

Respira, se ordena. Siente los dedos de él por primera vez en toda la noche. Llegan a casa. Encienden las luces, no se dejan ninguna. Silencio. Solo el tic tac de un viejo reloj de pared. Se miran, se aprenden. La tormenta ha pasado. El amor es una deriva.

miércoles, 19 de abril de 2017

LA VIDA DE PI





Barack Obama describe La vida de Pi como "una prueba elegante de Dios, y el poder de contar historias".[


Ya lo dijo Obama, y es cierto. La vida de Pi es una de esas historias que se meten en el corazón, lo araña, lo vuelca, lo libera y lo estremece. No es una simple historia más, no. Pi es pura poesia, descubrimiento, vida, metàfora. Abundan los hermosos e inverosimiles paisajes, el desconcierto de algo tan sobrenatural como es la naturaleza. Las escenas tienen ese mensaje, el reflejo del interior de uno mismo. El agua tan pura y casi invisible, un espejo del cielo. Pi me ha hecho abrir un poco más los ojos y valorar el presente, que es lo único que tenemos. Me ha hecho admirar más las historias y encontrar en ellas retazos de la vida misma.

Ahora que he visto la pelicula diré que: Yo también he estado en la piscina Pública de París: Piscine Molitor. He nadado en ella y he flotado, alcanzando el cielo. Yo también he sufrido la decepción de una bondad creída. Yo también he sentido distintas religiones en mi corazón. He visto el barco hundirse y sobrevivir. He sentido miedo, agonia, desesperación. He estado 227 días en una pequeña barca con Pi, con el tigre, en medio del Océano Pacífico. He visto islas hermosas y olvidadas.  He visto el cielo en el mar. He llorado, he rezado, he nadado, he sido libre y me he vuelto más fuerte. He visto la noche como nunca antes. He visto belleza que ni sabia que existia. Así que no solo quiero darle las gracias a Pi, sino también a Yann Martel por haber creado a un heróe tan joven y perspicaz.








Y como no, las frases tan emotivadoras:


- No existe grandeza sin bondad.


- La melancolía no es más que la sombra de una nube pasajera.


- No es justo que la ternura tenga que darse la mano con el horror.


- Ahora convertiré el milagro en rutina. Lo increíble será mi pan de cada día.


- Quisiera decir algunas palabras acerca del miedo. Es el único y auténtico adversario de la vida. Sólo el miedo puede vencer a la vida.


- Los caminos hacia la liberación son múltiples, pero la orilla siempre es la misma.


- Todo ya está aquí y está claro si sabemos mirar con la atención debida.


- ¿Sabes cuál es el animal más peligroso del zoológico? Había una flecha que señalaba una pequeña cortina. Tantas eran las manos curiosas e impacientes que tiraban de ella que cada dos por tres teníamos que cambiarla. Detrás de la cortina había un espejo.


-La vida se defenderá por muy pequeña que sea.


-La memoria es un océano y él se mece en sus olas.


- El principio fundamental de la existencia es lo que llamamos amor.


- Estoy ciego y no tenemos comida ni agua, pero nos tenemos el uno al otro. Eso ya es algo. Algo precioso.


- Toda la vida es un acto de dejar ir, pero lo que más duele es no tomar un momento para decir adiós.





Y ahora en vosotros queda ver la peli y juzgar por vosotros mismos.









lunes, 10 de abril de 2017

breve reflexión.












Vivió obsesionada con gustar demasiado que se olvidó de si misma, desaprovechando el verdadero valor del momento.

martes, 4 de abril de 2017

El amor de mi vida





Descubrir un libro como éste en la estanteria de la biblioteca es todo un privilegio. Hablo del amor de mi vida, de Rosa Montero. Lo primero que me atrajo fue la portada. Una adorable anciana, frágil, solitaria, desprotegida, sosteniendo el preciado tesoro del mundo: Un libro. Rosa asi lo dice en un párrafo. A medida que he ido pasando páginas, Rosa va contándome las anécdotas e historias de grandes personajes de la historia, uno de ellos: Charles Darwin, quién odiaba el mar pero que descubrió en travesías las respuestas de la vida. Nos habla de Patricia Highsmith. Del corazón de las tinieblas de Conrad; del universo de Orhan Pamuk y su museo de la inocencia: pasión y delirio.
Nos habla de la belleza del monstruo de Mary W. Shelley. Nos habla de Marcos Giralt Torrente y la pérdida de su padre, ese dolor que deja la muerte de quienes más amamos. Nos habla de la inolvidable La Regenta, de Clarín. Nos habla sobre la persistencia de Stenbeck cuando escribió la historia de Arturo, en como creyó en su obra hasta el final pese a la desvaloración de sus allegados. Nos habla del mundo paralelo e inverosímil llamado Metrópolis, cuyo autor: Ferenc Karinthy creó. Nos habla de la extraña pareja Gertrude Stein y Alice B.Toklas. Y Navokob con su entrañable Lolita.
No quiero nombrar aquí a todos ya que sino estaría todo contado. 

Decidí coger esta preciosa obra de Rosa Montero y llevármela a casa. Aprender de ella. Tuve un presentimiento y acerté. He conocido más historias y he descubierto interesantes obras gracias a ella.

Rosa Montero no pasa desapercibida.



lunes, 27 de marzo de 2017

Este jueves un relato: circulo vicioso.



Anna estaba sentada en uno de los escalones de la pequeña biblioteca del pueblo. De vez en cuando metía su mano en el bolsillo izquierdo de su chaqueta y la dejaba allí, dándole vueltas a una pequeña peonza de metal que había conservado desde pequeña. Un amuleto, la fuerza de sus decisiones. Una peonza que representaba la constante lucha de la vida, un giro incansable y firme. El día estaba a su favor. En el cielo apenas había una nube. Últimamente Anna procuraba sentarse sola en todos los lugares. No se fiaba de nadie. Mirase donde mirase solo veía calamidades, egoísmo. En las esquinas veía jóvenes como ella pidiendo limosna, abandonados y sucios. Escuchaba jóvenes como ella pelearse por cualquier nimiedad. Navajas en los bolsos, en los bolsillos, en los calcetines. Droga envuelta y disfrazada. Zapatillas colgadas en las farolas y postes telefónicos. Miradas vacías y ausentes. Ojos inyectados de sangre. Pasos vacilantes, siempre a la defensiva. Jóvenes como ella que pasan las noches en locales atestados, con la música atronándoles los oídos, procurando que ningún momento se les escape. Unos apuntes tirados en una papelera, auriculares a todo volumen. Sus amigos también habían cambiado. Ya no se llamaban para quedar a pasear o tomar un refresco. Ahora sumergían sus rutinas en conocer a gente de diferentes opiniones, saltarse las clases, ir a discotecas para beber hasta emborracharse y perder el sentido, e incluso fumar hasta perder el aliento. Anna dejó de salir con ellos y llegó a la conclusión de que era ella misma la mejor compañía. Apenas veía los telediarios, solo de vez en cuando echaba una ojeada al periódico. Leía de todo, sobre todo narrativa y biografías. En vez de música actual escuchaba a Alexander Tarasov, Pavarotti y Chopin.

La nostalgia invadía su almohada. Cada noche antes de dormir pensaba. Pensaba sobre la vida, sobre ella misma, sobre el verdadero significado de la juventud. Pensaba en si algún día tendría el valor de entregarse totalmente a alguien y en las posibles cicatrices que la vida le daría.

Anna vio un grupo de jóvenes sentados no muy lejos de ella. Reían e intercambiaban entre susurros opiniones y tal vez algunas críticas. Anna no pudo evitar observarlos. Eran cinco: tres chicas, dos chicos. Uno de los chicos sacó de su cartera lo que parecía ser una pequeña caja de metal. Una de las chicas observaba a Anna mientras le decía algo al oído al otro chico. Las otras dos tenían la mirada cabizbaja y fumaban un porro. Anna empezó a sentirse incómoda. Sacó su mano del bolsillo y se abrochó la chaqueta. Tal vez debería irse. Sentía sus piernas como piedras. El chico que sostenía la caja de metal la abrió cuidadosamente y su mirada se perdió en ella. Anna le observaba con ansiedad. Un dejà vú. Había presenciado antes aquello. Un círculo vicioso. La juventud siempre latiendo en cada esquina, cada mirada. El deseo de encajar, saberse observada, sentir que existe. La peonza de metal parecía calentarse en su bolsillo. Debe ser el fuego de sus sueños, pensó. A través del reflejo del sol pudo apreciar lo que contenía aquella caja de metal. Era una joya de cristal en forma de lágrima. Se sentía desconcertada. Aquellos jóvenes que fumaban porros, escuchaban reggae y vestían con vaqueros ajados y camisetas con logotipos de rock, contenían una cosa tan valiosa como una joya. El chico sostuvo la lágrima de cristal entre sus dedos y la miraba con tanta admiración que Anna sintió un nudo en el estómago. Las dos chicas aplastaron sus cigarros con la suela de sus zapatillas y después se levantaron para marcharse. La otra chica se quedó con los dos chicos. Anna sintió como la vida de alrededor se paralizaba. Se sintió atrapada en un agujero cóncavo y gris. Se apartó un mechón de pelo que le tapaba parte del ojo, y dejó caer la peonza de metal. Los tres jóvenes la miraban. Las bocas semiabiertas, dejando escapar círculos de humo. Anna se levantó. El peso de su cuerpo parecía haberse quedado atrapado en aquel escalón. Se acercaron a ella. Frente a frente los cuatro permanecieron atentos el uno del otro, sin hablarse. El chico que poseía la caja de metal cogió con delicadeza la mano de Anna y depositó en ella la lágrima de cristal. Su tacto era frío pero suave, casi imperceptible. Anna cerró el puño y lo llevó a su corazón. Cerró los ojos y cuando los abrió ellos habían desaparecido.

La ciudad quedó congelada. Todas las personas quedaron en silencio, bloqueadas. Solo Anna respiraba y se movía. Fue entonces cuando leyó una noticia en el encabezado de un periódico que había encima de una mesa de la terraza de un bar.




“La juventud ha quedado atrapada en un circulo vicioso. Han caído en la trampa de la perversión y el vacío. Ha desaparecido la inocencia, la ignorancia. Han caído en el círculo de la guerra, la penitencia, el robo y la violencia. No hay compasión, entrega y respeto hacía el prójimo. Ha dejado de existir el poder de una lágrima”

Por primera vez Anna soltó todas las lágrimas del mundo, incluso las que provocaron las guerras y los traumas a lo largo de su vida y que había estado batallando dentro de su corazón. Era ella la prueba de la esperanza de una juventud no del todo desaparecida.

lunes, 20 de marzo de 2017

Mi planeta, tú.





Sobrevivo en el último bar de la esquina.

Suena en la radio una oda hacia el amor.

Convivo con el martirio de una copa de brandy.

He tejido palabras absurdas en servilletas.

Los de aquí apenas conciben miradas de compasión.

Hay abismo en sus ojos.

Sufro de nostalgia,

Entre tejados, salidas y nombres.

No te encuentro.

Deseo poder meter en un frasco todos los planetas sin que se escape ninguno.

Tú eras el planeta que más brillaba.

En mis manos, mis ojos, mi sonrisa.

Ahora eres Marte.



Eres un llanto sin sonido.

Una caracola ausente de mar.

Hubo un instante en que tus dedos sostuvieron la mujer

Que estaba explotando dentro de mí.

Nos sobran las ganas, nos sobran las palabras.

Nos sobra el placer, nos sobra la verdad.